Hace 35 años


Dejo para los dos primeros miércoles de agosto, la continuación de las columnas con las que empecé a abordar Las guerras del futuro. En la del 6 del mes entrante me referiré al complejo corporativo militar que reúne a los cinco máximos contratistas del Pentágono a cuyo cargo corre el manejo de los cuantiosos recursos económicos con que la Casa Blanca está procediendo a modernizar su tecnologí­a de guerra y librar las que están en marcha así­ como las que está preparando.

Ricardo Rosales Román

Para el miércoles 13, habré de abordar lo referente al surgimiento del modelo económico que, en opinión del investigador italiano, Darí­o Azzellini, «serí­a imposible de instalar en condiciones de paz».

A lo que hoy me voy a referir sucedió hace 35 años, entre junio y octubre. Guatemala estaba gobernada por el impuesto presidente militar, Carlos Manuel Osorio, y cuyo perí­odo de cuatro años (1970 – 1974) es uno de los perí­odos más represivos y sanguinarios, terrorista y genocida de nuestra historia.

En aquél entonces, el compañero Huberto Alvarado estaba al frente del partido. Meses atrás, el 26 de septiembre de 1972, a las 9:45 horas, fueron capturados en la casa número 6-31 de la 30 avenida, zona 7 de la ciudad capital, los miembros de la CP del CC, compañeros Bernardo Alvarado Monzón, secretario general del CC, Mario Silva Jonama, Carlos René Valle y Valle, Hugo Barrios Klée, Carlos Alvarado Jerez, y Miguel íngel Hernández y Hernández, así­ como la compañera Fantina Rodrí­guez, a cuyo cargo estaba la casa en que los compañeros se encontraban reunidos. A todos los asesinaron y sus cadáveres jamás fueron encontrados.

La dirección se recompuso y varios de los integrantes del CC fuimos promovidos a cargos de mayor responsabilidad.

A mediados de junio de 1973, se recibió una invitación del Partido Comunista de Cuba para que una delegación del PGT participara en las conmemoraciones del XX Aniversario del 26 de Julio, Dí­a de la Rebeldí­a Nacional. La dirección acordó que la delegación estuviera integrada por el compañero Mariano, que era como le decí­amos a uno de los fundadores del partido, el camarada José Luis Ramos, y el compañero Julián que era como se me conocí­a en aquel tiempo.

A mediados de julio, el compañero Mariano viajó a México y de ahí­ a Parí­s. Por mi parte, a principios de ese mes viajé por tierra a San Salvador. Fue la primera vez que salí­ del paí­s después de mi regreso por México. Salí­ de la misma manera como entré en 1968: atravesando la frontera clandestinamente.

El eficiente y siempre reconocido apoyo que nuestro partido recibió del partido hermano salvadoreño, hizo posible que el paso de frontera y mi viaje a La Habana lo realizara sin ningún tropiezo a no ser las peripecias en que se ve quien no es el que viaja sino otro a quien ni siquiera se le conoce.

La lucha revolucionaria en la clandestinidad no despersonaliza a quien la libra. Es, por definición, anónima más no por ello se deja de tener identidad, sentido de pertenencia y compromiso. La clandestinidad asegura burlar al enemigo, adelantarse a su persecución y acoso, y luchar para derrotarlo.

De San Salvador viajé a México y de México a Parí­s. En el aeropuerto parisino me encontré con Mariano pero, como no podí­a ser de otra manera, ni nos saludamos. En el avión que nos llevó a Praga conversamos y ya en la capital checa era otra la situación y condiciones en que estuvimos. Mariano se quedó en Praga para arreglar la continuación de su viaje. Yo tuve que ir a Moscú.

En Moscú visité a quien era el Embajador de Cuba en la Unión Soviética, el compañero Severo Aguirre del Cristo. La conversación que sostuvimos fue cálida, afectuosa, camaraderil.

Al Embajador le sorprendió que le refiriera que a principios de 1954 lo habí­a visto en la sede de nuestro partido situada en la 7ª Calle, entre 2ª y 3ª avenidas, de la ahora zona 1 de la ciudad capital. Le recordé que lo que a él le correspondió describir y caracterizar en la reunión a que se nos convocó a un grupo de jóvenes activistas universitarios del partido, fue el cuadro de la situación internacional en que estaba siendo montada la intervención de la CIA yanqui a nuestro paí­s.

El compañero Aguirre del Cristo ya falleció. Cuantas veces estuve de visita en La Habana, le iba a ver. Le interesaba que le hablara de mi paí­s.

Lo que también querí­a referir es que hace 35 años para llegar a La Habana y, después, regresar al paí­s, habí­a que hacer un largo recorrido y, en el extranjero, saberse mover prudente y cuidadosamente.

Recuerdo que a mi regreso, en el camino, me enteré de lo que en Chile acababa de acontecer. Al dí­a siguiente que llegué a Zurich, procedente de Moscú, en los diarios de la mañana del 12 de septiembre se informaba del cruento golpe militar que derrocó al socialista chileno más esclarecido de su tiempo: el presidente Salvador Allende. Se fortalecí­an así­ las dictaduras militares y los regí­menes de fuerza en nuestro continente.

A principios de octubre estaba ya de regreso en el paí­s. El compañero Mariano, lo harí­a después.