Dialogar para uno mismo es una práctica que considero ha ido en desuso, sin embargo, es importante observar las ventajas de hablarnos. Mejor aún, si solemos escucharnos. Conversarnos suele ser una forma de apreciar el placer de nuestra propia compañía, nos ayuda a conocernos, a detenernos un momento en el diario vivir y a revisar sus circunstancias.
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La definición de diálogo involucra a dos personas por lo que no suena muy cuerdo el hablarse a sí misma/mismo. Además se necesita en este tipo especial de hablar, un espacio personal, desde y con la soledad y a mucha gente le da miedo encontrarse con ésta.
í“scar Wilde, escritor inglés, se refiere a este diálogo de la siguiente manera: «No voy a dejar de hablarme sólo porque no me estén escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.»
Si tratamos de traducir a este escritor primero tendríamos que anotar que el hablarnos puede ser fuente de placer. Después, que no siempre lo que nos decimos, nos es comprensible. Este hábito al realizarlo de manera sistemática y premeditada nos ayuda a analizar, a tomar conciencia y a dirigir acciones dentro de nuestras vidas.
Hay a quienes les gusta hablarse en el baño, por lo que tardan de manera inusual en él, a otras personas mientras esperan o conducen, o cuando se encuentran en contacto con la naturaleza; en el campo, en el mar, en un lugar que ayuda a descansar de los demás.Â
Mantener vínculos con otras personas es una situación agradable y se necesita  esfuerzo para poder aprender a vivir con los demás. Pero vincularme conmigo, tampoco es fácil, pero suele ser el primer paso para convivir con los demás. Quien se encuentra encantado de sí, con mayor frecuencia posee encantamientos por los demás.
Al hablarnos estamos tomando conciencia de nuestros pensamientos, emociones y acciones. De alguna manera nos trascendemos al tomar mayor conocimiento de nuestra realidad. Cuando nos sentimos agradados y aceptados por nosotros mismos desde nuestro ser es muy difícil aceptar compañías inapetecibles. Por lo cual nos sienta el dicho «mejor solo que mal acompañado». Además somos personas más selectivas e independientes y tenemos más que ofrecer de nosotras mismas a los demás.
Al parecer hablar con uno mismo en voz alta es un factor que se ha descrito  que ayuda a disminuir la tensión emocional, a desahogarse y a plantear de mejor manera la toma de decisiones. Así que será bueno encontrar el momento oportuno para mantener un diálogo con nuestro interior, todo ello por las ventajas que esto representa.