Desde México, la duda me asaltaba acerca de qué tema escogería para estar en contacto con ustedes. ¿Las declaraciones de un miembro del Instituto Federal Electoral, o el enfrentamiento que el Ejército Mexicano tiene con el narcotráfico en Michoacán?… Al final de cuentas, escogeré una media, con la finalidad de que puedan tener idea de qué es lo que pasa en este país hermano y qué es lo que nos puede pasar en el futuro cercano.
Respecto a las declaraciones antes citadas, Arturo Sánchez Gutiérrez indica, que de haberse llegado al conteo de voto por voto exigido por López Obrador y millones de mexicanos, «el país no hubiera resistido que el resultado fuera distinto del cómputo oficial señalado por el IFE». Sánchez Gutiérrez añade, además, que no solamente existía ese riesgo, ante una situación electoral y postelectoral tan compleja, sino el sistema electoral no alcanzó para resolver satisfactoriamente una situación como la planteada. (La revista Proceso, había elevado una petición para tener acceso a las boletas electorales). «El IFE negó el acceso solicitado para no verse sometido a impugnaciones por quienes desde un principio, como Calderón y el PAN, se opusieron tajantemente a la apertura de los paquetes electorales», mismos que habrían ejercido presiones en ese sentido ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial, para rechazar el eventual recuento de votos.
El fallo del Tribunal cuando calificó la elección presidencial es la verdad jurídica. Y se acabó. El problema consistió, en que en una situación como la que se dio de «una elección tan cerrada», el marco jurídico no está listo para enfrentar una situación como la planteada». Huecos y vacíos legales, colocó a los miembros del Tribunal ante una situación jurídica difícil. A pesar de que el argumento esgrimido, de que el acceso a las boletas otorgaría, si así fuera el caso, legitimidad y fortaleza al «ganador» Calderón, privaron las convicciones de «Razón de Estado», por sobre el espíritu democrático.
La segunda noticia, prácticamente implica un estado de guerra, iniciado en el Estado de Michoacán, en el que un cuerpo del Ejército se enfrenta con toda la fuerza al narcotráfico. Cuando las Fuerzas Armadas emplean «toda la fuerza», lo que ello implica, es que la mera estabilidad del Estado está en juego. Que no existe otro camino que el exitoso, ya que la derrota del Ejército, representaría la debacle. Las organizaciones del narcotráfico han intensificado su respuesta violenta contra las fuerzas de seguridad, ahora especialmente contra el Ejército, como queriendo hacer «un pulso» lo que conlleva un riesgo y peligrosidad, porque coloca a esa institución en una posición de vulnerabilidad, ante el eventual futuro fracaso que pudiera tener.
Mientras tanto, en el área del conflicto se han recibido múltiples quejas ante las autoridades de los Derechos Humanos, por la desaparición de personas, casos de tortura, incomunicación, detenciones arbitrarias y cateos ilegales, lo que pareciera ser una acción no solamente dirigida hacia los narcos, sino hacia los líderes de aquellas agrupaciones que se oponen a la cada vez más entreguista posición de las autoridades del país.
La situación que se ha generado en esa zona, que por demás es la tierra del gobernante mexicano, nos lleva inmediatamente a pensar en la implementación del Plan Colombia (escrito en inglés). Ante el avance de las políticas generadas a partir de la revolución bolivariana, el área de influencia estadounidense ha disminuido, dejando a México, Centroamérica (exceptuando parcialmente a Nicaragua), la misma Colombia y República Dominicana, como un territorio que «debe ser protegido» de esa «malsana influencia». No olvidemos la abierta insinuación del presidente Uribe en su vista a Guatemala, a incorporarnos al citado Plan Colombia.
¿Es la crisis mexicana el preámbulo de la guatemalteca?