Guatemala y la Revolución de Octubre (1)


La Revolución de Octubre -acciones cí­vicas donde participaron maestros, estudiantes, trabajadores, mujeres, y militares democráticos- logró derrocar la dictadura (1930-1944), del general Jorge Ubico Castañeda. Fue una voz colectiva donde hubo racionalidad, se expresó la sensibilidad de una época y el pueblo tomó el poder. Ciudadanas y ciudadanos empezaron a hablar y leer sin censuras. Fue una época de inquietudes renovadoras.

Carlos Cáceres
ccaceresr@prodigy.net.mx

El general Jorge Ubico gobernó a Guatemala como cacique. Su presencia iba desde tomar decisiones por disputas hogareñas o redactar resoluciones dirigidas a una Asamblea Legislativa (Congreso), dispuesta a aceptar cualquier iniciativa del presidente. Fue un hombre cruel: utilizó el miedo, la humillación y el terror, para detener cualquier inconformidad. La Ley Fuga (asesinatos de opositores polí­ticos simulando su evasión) fue un medio para anular protestas. Impuso una permanente censura a los medios de comunicación y elaboró listas de libros prohibidos. Las librerí­as, antes de solicitar sus pedidos, necesitaban autorización de la policí­a. La información cablegráfica era controlada desde las oficinas de la presidencia. El Ministerio de Guerra tení­a un presupuesto para el mantenimiento de los caballos más grande que el destinado para los maestros de educación primaria. No permitió el uso de palabras como huelga y sindicatos. El primero de mayo de 1931 fue el único que celebraron los trabajadores, aunque la concentración fue disuelta por la policí­a. En los trece años siguientes fue anulado el movimiento sindical. Se prohibió el funcionamiento de organizaciones obreras que se fundaron en la década de 1920.

Los dueños de fincas cafetaleras recibieron del gobierno ubiquista disposiciones legales dirigidas, en especial, contra campesinos indí­genas, entre ellas, La Ley de Vagancia (si alguien era considerado «vago» se le obligaba a trabajar en las fincas de café), la Ley del Libreto de Jornaleros (donde se determinaba el perí­odo en que una persona habí­a trabajado), y la Ley del Boleto de Vialidad (adultos -indí­genas- debí­an trabajar en forma obligada en la construcción de carreteras sin percibir salario). Estos factores eran la presencia institucional del trabajo forzado.

A partir de 1930 hasta 1944 el general Ubico no realizó ninguna acción para dotar a Guatemala de una legislación laboral, pisoteó la dignidad de los trabajadores y se negó a reconocer cualquier derecho acordado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Las implicaciones de la depresión económica de 1929 colocaron a Guatemala en una situación difí­cil. Bajaron los precios del café. El gobierno de Ubico no impulsó ninguna iniciativa para enfrentar el desempleo.

El malestar contra la imposición ubiquista se expresó en diversos sectores de la sociedad guatemalteca. Maestros y maestras, así­ como estudiantes universitarios iniciaron protestas y manifestaciones. El 24 de junio de 1944 presentaron el Memorial de los 311 donde se exigió la renuncia de Ubico. Este documento unificó a sectores de la oposición y le expresaron a Ubico que el pueblo ya no lo soportaba. También se realizó la manifestación «de brazos caí­dos», disuelta a tiros por la policí­a y Ejército. Los manifestantes no cedieron. Cayeron las primeras ví­ctimas. Ubico anunció un baño de sangre.

Como medida extrema para permanecer en el poder, Ubico suspendió las garantí­as constitucionales. Argumentó que de esa manera se contrarrestaba la acción de «los agitadores». Pero, se empezó a derrumbar el mito. El 25 de junio una manifestación de mujeres guatemaltecas -especialmente maestras- protestaron por la represión. Todas iban vestidas de negro. Varias cargas de caballerí­a intentaron quebrar la voluntad femenina. Fue inútil. Desafortunadamente, murió de un balazo la maestra Marí­a Chinchilla.

El 19 de octubre, la Guardia de Honor -uno de los principales cuarteles del paí­s- desconoció al gobierno y abrió sus puertas para que, en secreto, entraran estudiantes, maestros y trabajadores. El 20 de octubre, artillerí­a y unidades blindadas de tanques -al mando del capitán Braulio Laguardia, quien murió en acción- atacaron el Castillo de San José. Fue una insurrección popular que anuló la imposición. Las plazas se llenaron de guatemaltecos y guatemaltecas festejando su libertad.