A propósito del retorno a sus actividades oficiales de la presidenta Cristina Fernández, de Argentina, después de su ausencia, para someterse a un exitoso tratamiento quirúrgico de la tiroides, vale la pena traer a colación la recuperación de la economía de aquella nación sudamericana, donde, como ocurre actualmente en la Unión Europea y Estados Unidos, abundaban las protestas populares contra la clase política, a manera de los indignados de ahora, y que fue el corolario de una prolongada recesión económica y del endeudamiento público, con cauda del aumento de la desocupación y la pobreza, similar a lo que sucede en la actualidad en Guatemala, salvando las distancias.
Conforme el criterio de la socióloga Norma Giarraca, consultada por la agencia de noticias IPS, la crisis que padeció Argentina fue el resultado de las políticas de ajuste recetadas por el FMI en los años 90, mismas que están llevando a Europa a la situación en que se encuentra, y que también podría semejarse al caso de Guatemala.
La caída del PIB, los severos recortes fiscales y el creciente endeudamiento condujo al derrocamiento del presidente argentino Fernando de la Rúa a la mitad de su período, y le siguieron cuatro gobernantes interinos designados en 10 años. La pobreza había alcanzado el 52 % de los 37 millones de Argentina (en Guatemala la pobreza es del 54 %) y el desempleo se elevó al 25 % (en nuestro país no se cuenta con datos fidedignos, pero es mucho mayor). Adicionalmente, los ahorros de sectores medios y medios altos estaban atrapados por los bancos (en Guatemala decenas de miles han sido estafados por accionistas de dos bancos).
La recuperación de Argentina se inició en 2003 cuando asumió la Presidencia el peronista Néstor Kirchner (fallecido inesperadamente a finales de 2009), el líder centroizquierdista del Partido Justicialista. Desde entonces –precisa Giarraca–, la economía crece sin pausas entre el 7 y 10 %. La reestructuración de la deuda, impulsada por el presidente Kirchner, que implicó la desvinculación con el FMI y sus recetas neoliberales, otras medidas económicas y variados planes sociales implementados por aquel mandatario y continuados por su sucesora y esposa Cristina Fernández desde 2007 “abatieron los indicadores de pobreza y desempleo a valores menores del 10 %â€.
Según declaraciones que la periodista Marcela Valente, de la agencia IPS, atribuye a Giarraca, del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la estatal Universidad de Buenos Aires, las circunstancias socioeconómicas de Argentina han mejorado porque “hubo un manejo correcto de las variables económicas†favorecidas por el alza de precios internacionales de productos primarios, como han aumentado los precios en el mercado internacional del azúcar que produce Guatemala, pero cuyos efectos entre los guatemaltecos han sido desfavorables, porque los precios domésticos del edulcorante se elevaron durante los recientes meses de 2011.
En Argentina hay estabilidad y muchos jóvenes se suman a la militancia, de suerte que la satisfacción es mayoritaria, como se demostró con la reelección en octubre pasado de la presidenta Fernández, pero persisten las demandas por una democracia directa y mayor participación popular.
De acuerdo con Julio Gambina, investigador del Instituto citado, “El capitalismo en Argentina recompuso su capacidad de funcionamiento y de acumulación de ganancias, además de que los indicadores sociales mejoraron, aunque sin alcanzar los niveles de la década de los años 50 y 70, previos a la implantación de políticas neoliberales o capitalismo salvajeâ€.
(Mi escéptico paisano Romualdo Tishudo, al referirse a ciertos políticos, parafrasea esta sentencia: -Felices los guatemaltecos que nada esperan de ningún Gobierno, porque nunca serán defraudados).