Guatemala ante un negro futuro


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Creo que la resolución de la Corte de Constitucionalidad (CC) que ayer anuló la sentencia en contra de Ríos Montt y retrotrajo el proceso por genocidio al 19 de abril, no constituye sorpresa para nadie porque estaba claro que las influencias ejercidas sobre el máximo órgano constitucional no se podían comparar a la presión que denunciaron quienes ahora simpatizan tanto con Ríos Montt, por lo que acusan a la comunidad internacional a quien señalan de ejercer presión sobre los miembros del Tribunal de Mayor Riesgo.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


Entendiendo que la justicia tiene un efecto reparador para las víctimas y que eleva la moral para seguir adelante, pensé que quienes se sintieron beneficiados por la condena hacia Ríos Montt no podían cantar victoria porque aún hacía falta que la contraparte hiciera su mejor esfuerzo en las instancias decisivas, es decir, se jugaran lo que se tuvieran que jugar para revertir el fallo  porque al final del día, todos sabemos cómo es que funciona nuestro Sistema de “Justicia”.

Hoy, todos aquellos que se sintieron derrotados en aquel cercano Día de la Madre en que se dictó la sentencia en contra del general retirado, amanecieron con una revitalización porque entenderán la resolución de la CC como un espaldarazo a su causa, aunque muchos creo que no tienen ni claro cuál es en realidad la causa que deben perseguir.

Pero lo que puede parecer una victoria, simplemente no lo es, porque hoy somos un país con un negro futuro, con los mismos problemas, solo que con más polarización y mayor extremismo. Seguimos siendo un país con la mayoría de la gente pobre, desnutrida, mal educada y  sin expectativas de futuro, pero con un sistema de impunidad y corrupción que funciona mejor que un reloj suizo. Seguimos siendo un país incapaz de cerrar filas contra la manipulación del Sistema de Justicia y la impunidad, porque en el fondo estimamos que en algún momento nos será útil.

La gente que quiso asustar con el petate del muerto diciendo que la sentencia nos ponía a todos el estigma  de genocidas y que decía que esto traería solo cosas negativas al país, ahora tiene en sus manos demostrar los aspectos positivos de revertir el fallo y sobre todo, la obligación de ponerse manos a la obra para cambiar una triste realidad del país, que por cierto pareciera no importarles porque, al fin y al cabo, las carencias y problemas en principio no afectan de forma primaria a sus círculos y amistades.

Encontrar justicia siempre es y será importante, pero es tan importante como la obligación que tenemos de luchar por un país que sea más incluyente, más justo, con un sistema menos corrupto y menos impune. Esa es nuestra verdadera lucha, esa es nuestra principal tarea.

Para muchos, con la condena o la anulación de la misma, cada quien en sus momentos, la lucha terminaba; pero las resoluciones judiciales, sea hacia la justicia o hacia la impunidad eran, son y seguirán siendo, solo una de las muchas piezas de un rompecabezas que debemos armar para darle forma al futuro del país.

Nos guste o no, este es nuestro país, es lo que hay y somos los que estamos con las virtudes y defectos. No importa si es gente adinerada o pobre, con oportunidades o marginados, para los que la justicia es una herramienta o para los que es un lujo, los que tiran la comida o los que no tienen que comer, ladinos o indígenas… Pero debemos luchar por ser una sola Guatemala, que se levante y cae junta y en la que la justicia, la honradez y el amor por el país, deben ser los principios rectores para cambiar nuestra realidad y ser,  algún día y más allá de la retórica, un país de eterna primavera. Hoy, estamos más lejos que nunca de ese objetivo.