Guardar las formas



La Constitución de la República de manera expresa prohí­be al Presidente de la República hacer polí­tica partidista y, peor aún, proselitismo electoral. Todos sabemos que a lo largo de la historia los gobernantes han tratado de influir, de una u otra manera, a favor de sus candidatos y aunque ninguno ha tenido éxito, todos piensan que cuentan con tal nivel de influencia que basta una palabra suya para que todo se concrete y el milagro quede hecho. No pensamos que eso vaya a cambiar nunca, porque es parte de la misma naturaleza humana, pero al menos es deseable que para evitar menoscabo de la figura del Presidente de la República, se guarden las formas y que los mandatarios no se expongan de manera tan brutal a los señalamientos en su contra.

No se trata de preservar la figura de í“scar Berger, sino de preservar la institución de la Presidencia de la República y en ello hay que redoblar todo esfuerzo porque no podemos seguir con el deterioro que se nota en casi todas las instituciones nacionales. De hecho, cuando la Gana presentó su proyecto polí­tico encabezado por el mismo licenciado Berger, uno de los fundamentos del mismo era el rescate institucional y la reforma del Estado, pero en esa materia no sólo no se ha avanzado, sino que por lo visto estamos peor que antes.

Tenemos instituciones que se debilitan por atrofia al no actuar y otras porque sus actuaciones resultan contrarias al interés nacional. Entre las primeras hay que contar, sin duda alguna, al mismo Tribunal Supremo Electoral que ha dejado que le soben las barbas todos los partidos polí­ticos. Lo mismo podrí­a decirse de tantas dependencias, pero ese botón de muestra cae como anillo al dedo en las actuales circunstancias por la naturaleza del tema que abordamos.

Pero destruye más la institucionalidad del paí­s el que la figura del Primer Mandatario adopte esa indiferencia con respecto a los términos precisos de la ley constitucional y por ello es que creemos que es imperativo que se tome en cuenta que no guardar las apariencias ni las formas, lo que hace es dañar no sólo al Presidente de la República, sino que también anula la autoridad y capacidad del Tribunal Supremo Electoral o, al menos, la que le va quedando luego de tantos meses de estar pidiendo y casi suplicando a los partidos que no hagan proselitismo. Creemos que el Presidente podrí­a dar un ejemplo reconociendo su error y haciendo ver su disposición a acatar el llamado del TSE, exhortando al mismo tiempo a los polí­ticos a que le imiten en el cumplimiento de la letra y el espí­ritu de la legislación. El Presidente debe ser el primero en dar el ejemplo de respeto a la Constitución de la República y este es un buen momento para hacerlo de una forma contundente y edificante, con lo que ayudará más y mejor a su candidato.