Grietas comunicativas en el gobierno de Otto Pérez


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Hace algunos días, me reuní –por separado– con un mercadólogo y una comunicadora de experiencia. Ella me hizo notar el cambio de “tono” de Otto Pérez, en recientes piezas propagandísticas. Él me recordó cómo el “tono” de cualquier discurso, dependía directamente de lo que se busca expresar. Armonizar forma y contenido es un verdadero arte, pensé.

Ramiro Mac Donald


A veces –me señalaba el amigo– no se quiere decir “algo”, pero las intenciones se filtran en el discurso, por el modo de decirlo. Y, en otras ocasiones, lo que se busca es precisamente impactar por medio del “cómo” se presenta el mensaje. Ambas personas ni siquiera se conocen y estaban refiriéndose a dos temas diferentes, pero yo hice un “link” con ese renovado estilo de Otto Pérez y los elementos que subyacen en los spots de radio del gobernante, que se escucharon la semana pasada.

Pareciera que el presidente de Guatemala hubiera retornado a la campaña electoral. La forma de comunicarse con sus gobernados, es típicamente un “tono de tarima”… y electorera. El diseño de su discurso bien puede ser una travesura comunicativa para agitar aguas calmadas, a cinco meses de haber tomado posesión, pero está cayendo en el yerro de atacar a contrincantes, luego de ser derrotados en buena lid. Ya pasaron los tiempos de recriminarle a la declinante y trasnochada Sandra Torres, su manipuleo político de las bolsas solidarias. Ahora, tras esos anuncios de radio, todos sabemos que el presidente está usando las mismas tácticas de su enemiga, para ganarse la voluntad de la gente de escasos recursos. ¡Suena inconsistente! 

El presidente Pérez se ha visto envuelto en una campaña radiofónica extraña, tal vez sin darse cuenta ¿Cuál sería la estrategia? ¿Por qué comunicar  públicamente que las bolsas solidarias (hoy llamadas “seguras”) esta vez sí llegarán hasta los más pobres? Si se quiere, debió haberlo hecho, pero sin anuncio público. Esa táctica barata, además de propugnar por el desafortunado clientelismo político, es innecesaria a estas alturas; es vagar por el mismo sendero de la UNE, porque fue una vía utilizada y puesta en práctica por esa enemiga política al que el Presidente está volviendo a levantar como ícono, indirectamente. Es un actuar errátil.

¿Y por qué esos anuncios de radio tienen “tono” electorero, impregnándole un sentimiento de ordenanza militar, exageradamente enfática? ¿Por qué pretender darle nuevamente una modulación de “tarima” a la expresión propagandística del mandatario? ¿Por qué la entonación tan rimbombante o sentenciosa? ¿Tienen esos spots la pretensión de hacer aflorar nuevamente los sentimientos militaristas en los chapines? ¿No sería más conveniente seguir vendiendo la idea de un hombre civilizado, la imagen de un estadista que busca unir a todos los guatemaltecos, para sacar adelante el país?

¿Fueron los estudiantes de educación media los que hicieron enojar al Presidente de la República y por eso salió vociferando en dichos spots radiales? ¿Quién tiene la culpa de ese error tan grande, esa primera gran metida de pata comunicativa, en la que simples estudiantes pusieron en evidencia al gobierno? ¿Y estos patojos hicieron que Otto Pérez mostrara que este gobierno si la va a emprender, contra los bochincheros desarmados? 

Si bien, hay todavía la idea que el lúcido Ministro de Gobernación está haciendo un papel muy decoroso (con tanta violencia desenfrenada) también aflora ya una sensación de temprano desencanto, porque la inseguridad sigue campeando. Este ambiente se percibe en todos los programas de radio con micrófono al aire. No hemos llegado ni a los primeros seis meses del gobierno naranja, pero ya se marcan primeras grietas. La comunicación gubernamental, lo trasciende. 

La estrategia de cambiar ese “tono” conciliador de las últimas semanas, no es muy feliz. Le va mejor al mandatario reparar que esa forma de expresión, estaba bien para el siglo pasado, cuando daba órdenes en los cuarteles y ponía a temblar a sus soldados. Ahora, los ciudadanos le escuchamos. El “tono” refiere impaciencia y disgusto. ¿Tan temprano?