Contra todo pronóstico y para nuestro regocijo las elecciones celebradas ayer en general marcharon bien. Hubo, al parecer, mucha participación, reinó el orden, las mesas estuvieron animadas y, según el reporte de la prensa, se transparentaba un ambiente sereno y cordial. Digo contra todo pronóstico porque algunos pensábamos que algunos grupos se prestarían para la violencia y la desestabilización del proceso, pero mire, qué grata sorpresa, lucimos muy civilizados.
Comportarnos así nos hace un gran favor, no sólo porque nosotros mismos con una experiencia así aprendemos a valorar más la paz y el sosiego por encima de la violencia y las tensiones, sino también porque los observadores pueden atestiguar que no somos tan salvajes como quizá ellos creen. Claro está que no debemos actuar con el afán de ser vistos, pero no está de más ser «buenos» y parecerlo.
El Tribunal Supremo Electoral por lo visto también estuvo a la altura (hasta donde yo sé). Pero las palmas hay que dárselas particularmente a la cantidad de gente que trabajó en las mesas. Aunque la mayor parte de ellos se miraban jóvenes, algunos de ellos incluso patojos, se comportaron con dignidad, profesionalismo y con una seriedad proverbial. Es cierto que al inicio del día los señores (para decirlo de alguna manera) se miraban nerviosos, titubeantes e incluso hasta lentos, pero después fueron agarrando ritmo y resolviendo con tino cada duda. La capacidad de trabajo de ellos fue ejemplar.
Igual cosa debe decirse de los famosos «héroes» juveniles de la democracia. Sea por la edad, el entusiasmo o simplemente por el carácter, los muchachos lucían contentos y guapos. Al punto que uno ya no sabía si ir a votar o quedarse entretenido con ellos. Cien puntos al trabajo que realizaron, realmente le dieron un toque diferente a un evento que se avizoraba muy serio y formal.
Una felicitación especial debe hacerse extensiva también a los periodistas. Tanto los canales de televisión, la radio como la prensa escrita cubrieron el evento con una actitud estoica. Se sacrificaron, dieron mucho de sí e hicieron un servicio al país de mucha calidad. Hubo algunos novatos por ahí que se estrenaron en el mundo de las comunicaciones, pero igual, eso nos beneficiará a la larga cuando aprendan a hacer los jóvenes periodismo de altura.
Los que sorprendieron de sobremanera fueron los dos candidatos que quedaron en primer lugar. La prensa indica que evitaron saludarse y ya preparan los cañones para el sprint final. En cualquier lugar del mundo los contendientes suelen ser diplomáticos con el adversario y hasta derrochan un nivel mínimo de cortesía. Aquí, sin embargo, las cosas no han sido así porque se han creído el papel que representan en las tablas. Es un poco triste, pero tales acciones expresan el nivel de idiotez vital de los dos candidatos que quieren gobernarnos a partir del próximo año. Resignación hermanos.