Ayer terminé mi columna diciendo «Ojalá el Presidente nos dé un tapaboca con su decisión al nombrar Fiscal General, porque lo que Guatemala necesita con urgencia es emprender el camino serio y sensato de la lucha propia contra la impunidad.» Confieso que no tenía muchas esperanzas, pero el nombramiento de la doctora Claudia Paz y Paz como Fiscal General de la República constituyó la más grata sorpresa que me ha dado el ingeniero ílvaro Colom.
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No conozco a la doctora Paz y Paz, pero me impresionó desde que se supo de su nominación el respeto unánime que mostraron los grupos más comprometidos con la justicia y la lucha contra la impunidad en Guatemala. Conozco, eso sí, sus ancestros porque entiendo que es nieta de don Enrique Paz y Paz, hermano a su vez de don Alberto Paz y Paz, quien fuera amigo muy cercano de mi abuelo. Los Paz y Paz se han distinguido por su compromiso con la democracia, la lucha contra toda forma de dictadura y a favor del respeto a los derechos humanos y la justicia. Lo hicieron esos zacapanecos que descollaron desde principios del siglo pasado y lo continuaron sus descendientes.
Conocí y traté bastante a Leonor y Roberto, hijos de don Alberto al igual que Elena Paz y Paz de Hurtado, esposa del extraordinario médico y ser humano Juan José Hurtado. Nunca dejaron lugar a dudas sobre la forma en que fueron formados y los principios que adquirieron en el hogar porque su compromiso con aquellos valores democráticos, de justicia y derechos humanos marcaron sus vidas y su comportamiento. Sé que varios descendientes de los Paz y Paz se comprometieron activamente, poniendo en riesgo sus vidas, en la lucha por construir un país más justo e incluyente en el que pudiera prevalecer la justicia que otorgara oportunidades a todos sus habitantes.
Estoy convencido, por las expresiones de los distintos sectores que apoyaron la postulación de la doctora Claudia Paz y Paz y al recorrer lo que se va conociendo de su hoja de vida, que entiende el enorme desafío que enfrenta a partir de hoy por la responsabilidad histórica de iniciar la construcción de un nuevo modelo en el aparato de justicia que anteponga la legalidad y la justicia a los viejos moldes en los que se enraizó la impunidad.
Pienso que no estamos en aquellos casos en los que hubo necesidad de explicar a los abogados que llegaron a la Fiscalía General de la República y a la jefatura del Ministerio Público la dimensión del desafío histórico ni, mucho menos, la forma en que se ha construido el sistema de la impunidad que nos tiene de rodillas. Por su trayectoria y compromiso, la doctora Paz y Paz tiene que estar al tanto de esas situaciones y lo dejó ver en su discurso al ser juramentada por el Presidente de la República. A diferencia de lo que pasó con el efímero fiscal nombrado hace algunos meses por Colom, lejos de hacer regateos hacia el nivel de cooperación con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, su determinación de trabajar juntos con ese objetivo fue categórica y puntual, lo que es alentador porque la tarea es inmensa y necesitamos del concurso de la comunidad internacional para enderezar el camino.
Sinceramente no tenía ninguna esperanza de que el presidente Colom pudiera tomar una decisión como ésta. Pensé que buscaría a un Fiscal permeable, con el que se pudieran estructurar pactos políticos, pero se fue al final por una decisión que me parece patriótica y responsable con la historia, por lo cual lo felicito y me congratulo porque al menos en la justicia se puede ver luz al final del túnel.