Gracias, Mario, por el fuego


«Y por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero».

Mario Benedetti

Vos, a través de unos cuantos relatos, me enseñaste el significado del exilio. ¿Cuánto puede soportar un corazón lejos de la tierra y del pueblo que lo hicieron a uno? Con el agregado, que vos, querido compañero, además de dejar tu paí­s, tuviste que dejar los «boliches» y el «mate» de un Uruguay que se encontraba, al igual que Guatemala, en medio de una dictadura militar y represiva.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

«Usted sabe que puede contar conmigo», le dijiste a una mujer y al mismo tiempo a todo el pueblo latinoamericano, eternamente golpeado por la desigualdad, la injusticia y la miseria. Y es que saber contar con el que tenemos al lado no es, precisamente, una caracterí­stica de nuestros pueblos. Habrá que ver, por ejemplo, en estos últimos dí­as en Guatemala que se ha dado un «desborde de civismo» para exigir la renuncia del Presidente. Pero esas mismas voces, al menos la mayorí­a de ellas, han callado ante la miseria que se vive en el campo y en las áreas marginales de nuestro paí­s, en donde a diario mueren personas por los estragos de la pobreza.

Todos, son tiempos difí­ciles, Mario. Vos naciste al inicio de la segunda década del siglo pasado, viste el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, los primeros intentos democráticos en Latinoamérica y la llegada de los militares (a través de la fuerza) a los gobiernos de nuestros paí­ses. También fuiste testigo de la resistencia del pueblo a través de los movimientos sociales y populares que proponí­an una sociedad diferente, en donde cada hombre y mujer fuera considerado el principal motivo del desarrollo, y no necesariamente el lucro y el capital.

Hemos cambiado en los últimos años, vos lo supiste muy bien. Da cierta tranquilidad pensar que, al menos en otras latitudes, al sur de este paí­s, existen gobiernos que han propuesto polí­ticas dirigidas a la construcción de una sociedad en donde el ser humano pueda desarrollarse como tal.

«No te salves si duermes sin sueño», nos recomendaste a través de tus versos. Y no es patético ni cursi pensar en no «salvarse» a la manera en que nos proponen los «ustedes», en este mundo suyo que han construido a base de la mentira, de la creación de enormes centros comerciales en donde se ofrece un mundo de fantasí­a que puede obtenerse únicamente por medio del dinero, en donde no podemos existir como ciudadanos, sino únicamente como consumidores.

Y es que tus escritos, Mario, dejaron huella, porque ajustados al momento polí­tico que te tocó vivir, se constituyeron en una invitación permanente a resistir, a «vernos con nuestro propios», como dijo un compatriota tuyo.

Finalmente, gracias, Mario, por el fuego. Por tus horas de dedicación para hacernos pasar un buen rato y para lanzarnos esa invitación de amarnos «codo a codo», para que en la calle seamos mucho más que dos.