Fernando Ramos
La utopía socialista, construida sobre los postulados de Lenin y Marx, se vino abajo tras la desintegración de la Unión Soviética, ese hecho más otros eventos, como la caída del muro de Berlín, abrieron la puerta para que el capitalismo irrumpiera en los países del bloque comunista.
Dar forma a un mundo más humano, libre de lucha de clases, fue la premisa sobre la que se forjaron las revoluciones; pero la dialéctica del desarrollo es implacable, todo debe seguir un camino y no se pueden saltar etapas. Ahora es posible visualizar que el orden natural de las cosas requiere de un capitalismo sólido para que la tan ansiada distribución equitativa de la riqueza tenga efecto; quizá Noruega sea ejemplo de algo semejante.
En 2003 se estrenó Good bye Lenin, producción alemana dirigida por Wolfgang Becker, cinta que ubica la acción en un lapso de tiempo que comprende el antes y el después de la caída del muro de Berlín. La película cuenta la historia de Alex (Daniel Brí¼hl), quien de forma involuntaria participa en una manifestación contra el gobierno, casualmente lo ve su madre, ella es leal seguidora del régimen socialista y la impresión que le causa ver a su hijo en función opositora le provoca un desmayo que luego se convierte en coma; ocho meses después despierta, pero su salud es delicada, cualquier sobresalto le podría causar la muerte; el asunto se complica porque durante ese tiempo el muro ha caído y la Alemania que ella conocía ha desaparecido.
La cinta está narrada en clave de comedia, pero también tiene espacio para el drama, de hecho es un sube y baja de emociones. El director tiene la habilidad de tomar eventos históricos y utilizarlos para plantear su visión de los acontecimientos; el resultado es una crítica global no solo del sistema socialista, también del capitalista, se plantean los hechos, pero no se toma partido por una u otra posición.
Es indiscutible, la vida real ha demostrado que los hechos más importantes en la historia de los países tienen partes ocultas, que no son de conocimiento general, por tal motivo es posible afirmar que muchos gobiernos han llevado a tal extremo la farsa que sus países no existen, son producto de la mentira. Becker parte de ahí, pues el protagonista para evitar que su madre empeore le fabrica un ambiente falso, no sea que la impresión de los acontecimientos le provoquen la muerte.
En su discurso, el filme toma imágenes reales y las incrusta de forma inteligente, logrando una atmósfera creíble; como la inolvidable imagen de la estatua de Lenin cargada por un helicóptero.
Good Bye Lenin constituye una mirada honesta, en donde se mezcla la nostalgia por la muerte de la utopía, la euforia por el cambio, y la aceptación de la nueva realidad, que conlleva la deshumanización de la sociedad. El director parece decir: adiós al estatismo, al país que solo existió en la imaginación de quienes así quisieron creerlo; bienvenido el dinero, el consumismo, la alienación; que otra mentira sustituya a la antigua.
Título original: Good bye, Lenin!
Dirección: Wolfgang Becker
Producción: Stefan Arndt
Guión: Bernd Lichtenberg y Wolfgang Becker
Música: Yann Tiersen
Fotografía: Martin Kukula
Reparto: Daniel Brí¼hl, Katrin SaíŸ, María Simon, Chulpan Jamatova, Alexander Beyer y Michael Gwisdek