El ascenso de los generales que formarán la cúpula militar en enero fue una muestra de cuán irrelevante es ya la figura de los funcionarios del actual gobierno y de hecho la prensa está más preocupada por darle cobertura a las actividades del Presidente electo que a lo que hace el presidente Colom, no digamos su Vicepresidente que ha tenido tan poca relevancia en este período.
Siempre los últimos meses de un gobierno son de debilidad y el poder se les va diluyendo entre las manos; es parte de lo natural en los ciclos de ejercicio del poder político, pero en la actualidad el problema se resalta porque desde que se produjo el divorcio de la llamada pareja presidencial, eufemismo usado para explicar el enorme poder que tuvo la esposa, fue obvio un gran vacío en el desempeño de la autoridad y luego de las elecciones la figura del mandatario es del todo irrelevante.
Sin embargo, hay informaciones de que en todas las esferas de la administración pública se está corriendo para dejar las cosas en orden, es decir, sin ninguna evidencia de los malos manejos que pudieron realizarse. Las instrucciones son precisas para que se destruya cualquier evidencia que pudiera ser incriminatoria porque existe el temor de que pueda desatarse una “cacería de brujasâ€, término usado sin ningún tipo de doble sentido, en contra de quienes manejaron miles de millones de quetzales a lo largo de este período sin que se pueda ver obra que sea reflejo de la inversión pública.
Las mismas informaciones señalan que también se están realizando varios contratos de última hora que dejarán amarrado al próximo gobierno y que significan las últimas ganancias para funcionarios salientes, por lo que es de esperar que la Contraloría de Cuentas cumpla a cabalidad con sus obligaciones constitucionales para fiscalizar el manejo de los fondos públicos. Especial cuidado debe tenerse con todo aquello que comprometa al Estado mediante la creación de mayor deuda flotante, sobre todo entendiendo que la misma tiene un origen que raya en la ilegalidad porque significa la firma de contratos sin partida presupuestaria para cubrir las obligaciones que se generan y eso es en realidad un acto delictivo.
La invisibilidad del gobierno, comprensible no sólo porque siempre los días finales son así sino, además, por el patético papel de quien fue electo presidente y resignó el mando en su mujer, facilita también la realización de negocios de última hora porque como ya nadie se ocupa de lo que hace este gobierno, pueden avanzar sin hacer olas ni generar escándalos. Por ello, insistimos, la Contraloría tiene que ser más vigilante que nunca porque los últimos negocios generalmente son también los más voraces.
Minutero:
Como era previsible
la figura se diluye
y el pobre hombre concluye
como un individuo invisible