Gobierno económico común


La crisis financiera está quizás logrando lo que casi diez años de moneda común no han conseguido: comenzar a dotar a Europa de un gobierno económico, en el que los Estados sigan las mismas pautas y trabajen codo a codo con el Banco Central Europeo (BCE).


La gestación de ese gobierno es difí­cil, tal como han demostrado las divisiones de las últimas semanas entre los paí­ses de la UE a propósito de la estrategia ante la crisis.

Sin embargo, la cumbre de la Eurozona el domingo en Parí­s, la primera de ese tipo, y las medidas coordinadas y casi concomitantes de apoyo al sector bancario, que comenzaron a anunciar poco a poco este lunes varios paí­ses europeos, marcan un giro.

Además del apoyo concertado a los bancos, el presidente francés Nicolas Sarkozy anunció que en la próxima cumbre de la UE el miércoles y el jueves en Bruselas se examinará la creación de un «dispositivo de crisis» europeo de cara al futuro.

Ese dispositivo estarí­a organizado en torno a la presidencia de la UE, la Comisión Europea, la Eurozona (compuesta por 15 de los 27 paí­ses de la Unión) y el BCE.

Además, en la cumbre de Bruselas se harán propuestas para relanzar la idea de una regulación europea del sector financiero, actualmente fragmentada entre varios Estados celosos de sus prerrogativas nacionales. Hasta el momento, los gobiernos no han logrado ponerse de acuerdo.

«Esta crisis mundial, en lugar de hacer estallar Europa, ha reforzado la necesidad de hablarnos, de entendernos, y de adoptar compromisos», destacó el domingo Sarkozy.

«Nunca, desde que ejerzo funciones de primer ministro y de ministro de Finanzas, he visto Europa gobernada con tanta intensidad», comentó a su lado el jefe del gobierno luxemburgués y presidente del Eurogrupo Jean-Claude Juncker.

Según él, la concertación existente entre las capitales europeas «no es muy diferente» del gobierno económico que los europeos más convencidos desean desde hace una década.

A nivel de la UE, la creación del mercado único en 1993 apenas se ha visto acompañada de progresos tangibles en armonización de polí­ticas económicas, ya que cada paí­s ha intentado mantener la máxima autonomí­a posible. Concretamente, el ámbito fiscal es uno de los asuntos que suscitan más división.

La zona euro, creada en 1999, sí­ posee una institución supranacional para la polí­tica monetaria, el Banco Central Europeo, pero carece de un liderazgo polí­tico común de los gobiernos. Ni la constitución del Eurogrupo ni el Pacto de Estabilidad han podido llenar ese vací­o.

Dada la interdependencia económica en la UE, los quince paí­ses «necesitan» a Gran Bretaña, que se niega a integrarse en la moneda única, apunta Nicolas Véron, economista del Centro Bruegel, un instituto de reflexión de Bruselas.

«Las decisiones de los paí­ses del Eurogrupo deberí­an de marcar una etapa importante en el proceso de unificación europea», destaca igualmente Jean-Dominique Giuliani, de la Fundación Robert Schuman.

Bajo las dificultades, «los europeos demuestran que puede haber una unidad de visión, una aplicación común de medidas de polí­tica económica y financiera en el territorio de la Unión», dice.