¿Gobierno de quién?


«Estamos cansados y nos faltan alimentos pero no vamos a dar marchas atrás, porque estamos pensando el futuro de nuestros hijos.»

Reyna Isabel Ortiz, lideresa indí­gena peruana

Para este dí­a, organizaciones sociales en varios paí­ses planificaron manifestaciones frente a las sedes diplomáticas de Perú, para mostrar su repudio ante el gobierno de este Estado suramericano por la manera en que las fuerzas de seguridad actuaron en contra de una manifestación de un grupo de indí­genas de la Amazonia .

Ricardo Ernesto Marroquí­n
ricardomarroquin@gmail.com

El saldo de la represión es brutal: al menos 30 indí­genas y 22 policí­as murieron durante un enfrentamiento suscitado el pasado 5 de junio. Y es que alrededor de 3 mil indí­genas de 25 etnias se encuentran bloqueando una carretera como medida de presión para que las autoridades del paí­s deroguen una serie de leyes, aprobadas a partir de la implementación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, que permiten la explotación de la Amazonia .

La manera en que reaccionaron las fuerzas de seguridad del gobierno de Alan Garcí­a demuestra, de alguna manera, la manera en que un Estado excluyente y racista actúa ante las demandas de los pueblos indí­genas. De la misma manera sucedió en nuestro paí­s en noviembre de 2004 durante el gobierno de í“scar Berger, en la finca Nueva Linda. En ese desalojo fueron muertos 11 campesinos y, hasta el momento, los crí­menes continúan en la impunidad.

Cuando ílvaro Colom asumió la presidencia, anunció que con él llegaba el «gobierno de los pobres», y fue la frase que su equipo de comunicación utilizó ante las manifestaciones que exigí­an su renuncia. Si bien, no se ha realizado ningún tipo de desalojo forzoso con ví­ctimas mortales, tampoco podemos considerar que las polí­ticas del actual gobierno, en cuanto a la temática campesina e indí­gena, sean diferentes a sus antecesores.

La lógica de este Estado, al parecer no muy diferente a Perú, todaví­a considera al indí­gena y campesino como un obstáculo para el progreso y así­, encuentran una excusa para ignorar sus propuestas.

La problemática agraria es un claro ejemplo. A través de programas de asistencia (sumamente necesarios ante la situación de pobreza y pobreza extrema que se vive en el paí­s) el actual gobierno ha insistido en que atiende las necesidades de los pobres. Sin embargo, a año y medio de estar al frente del Ejecutivo, ya es hora de implementar las polí­ticas públicas que si bien, no modifiquen la estructura económica del paí­s, si signifiquen un avance para generar una vida digna en el campo.

Es lógico que las personas que viven en una situación paupérrima se harten y deseen encontrar salidas a su problemática. En Perú, el gobierno demostró que no tuvo la capacidad suficiente de generar el diálogo. En Guatemala, ílvaro Colom todaví­a tiene la oportunidad de tomar en serio las propuestas que se han presentado desde las organizaciones sociales en cuanto a la temática agraria, y demostrar de una vez por todas si es verdad que su gobierno, es «de los pobres».