La semana pasada hice un análisis primario sobre el programa del presidente de la República Otto Pérez, quien ha estrenado un “show” cada semana, en la que invita a ministros y funcionarios para que expliquen sus planes de gobierno. El mandatario está jugando a simular ser un presentador de televisión, pero, en realidad, está gobernando desde la pantalla. ¿Apantallándonos?
Este tipo de programas forma parte de una estrategia de los presidentes del continente americano, quienes han decido abordar utilizar la televisión (y la radio) como medio unidireccional de enviar información a los ciudadanos. Entiéndase bien: no “compartir”, sino trasladar informes sin capacidad de respuesta, por los receptores. Esto no es nada nuevo, a principios del siglo XX un muy inteligente y amante de la tempranera tecnología de la comunicación instantánea Jorge Ubico, utilizó las radios TGA y TGW para hacerlo… emulando a Adolfo Hitler.
Pero en especial, en los últimos años los presidentes se han dado cuenta del poder que tienen los canales informativos (coordinados por sus gobiernos) y ellos se han convertido en conductores de programas, montando sus propios “shows” y han logrado que sus invitados en la pantalla o la cabina, puedan dar a conocer sus logros, sus triunfos de gobierno. Estos nuevos presidentes-comunicadores producen programas sobre sus bondades y éxitos, con la presencia de invitados (como personas anónimas) o bien representantes del pueblo, para que comenten cómo ven las cosas desde su perspectiva popular. Esto suena a muy democrático, pero en realidad, lo que están haciendo es una “simulación”, porque ellos no son periodistas profesionales y terminan siendo jueces de su propio gobierno. Eso no es válido, pero es común y aceptado.
Otra cosa muy diferente, es que los periodistas interroguen al Presidente y desde distinta perspectiva, cuestionen su labor de gobierno. No es positivo que el propio gobernante, el mismo Presidente esté dando una sola versión ante las cámaras, pues esta solo le favorece a su imagen, ya que tiene la oportunidad y el recurso –incluso- de editar respuestas y segmentos completos (como en el caso del programa de Otto Pérez) y por si fuera poco, transmitir al aire solo aquello que no tiene elementos disonantes con sus propósitos.
Eso es hacer un montaje de corte informativo, pero con interés propagandístico, porque su fundamento es propagar solo las buenas noticias del gobierno, aunque tenga un formato con estilo, o parezca un programa informativo de televisión o de radio. Y esta simulación, se la creen muchos.
Por otro lado, utilizar este esquema confunde a la población, pues no tiene una pisca de neutralidad y tampoco utiliza el balance periodístico necesario, porque solo agrega incienso a su labor, con costos muy altos, innecesariamente. El presidente Pérez se quejó, varias veces, en el programa de lanzamiento (que además estuvo sumamente largo y aburrido) que la prensa no tiene tiempo para tratar ciertos temas con mayor profundidad. Estos temas son los que al Presidente, de seguro, le dará todo el tiempo y la prioridad que él decida, porque son los puntos que quiere instalar en la opinión pública… y no aquellos que a la agenda periodística le interesan.
Omar Rincón, especialista colombiano, señala que esta forma de gobernar es buscar seguidores o “fans”. Los políticos no quieren interlocutores, no les gusta el papel interpelante de los comunicadores. Los “fans” se consiguen con la estrategia de gobernar desde las pantallas; los verdaderos profesionales aparecen cuando los periodistas serios desempeñan una adecuada función de convertirse en interlocutores (es decir participantes activos) y ocupan un digno espacio en el necesario diálogo con los poderes: no en un monólogo presidencial teledirigido, montado y realizado para reconfigurar la imagen presidencial. No seamos receptores pasivos, aceptando todo lo que vemos por la tele.