Giussepe Garibaldi


Luis-Fernandez-Molina_

En el exterior de la catedral de Granada, Nicaragua, hay una placa que dice “Aquí vivió Giuseppe Garibaldi, héroe de dos mundos, en 1851”. Un pequeño reconocimiento a un personaje de rango mundial cuyo nombre es el que más se repite en parques, ciudades y monumentos alrededor del mundo. Hay “Plaza Garibaldi” en ciudades de toda Europa, Rusia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, países de Suramérica, varios países de Asia y África.

Luis Fernández Molina


Garibaldi, el de la barba roja, fue un personaje de grandes contrastes, de muchas luminarias y algunas sombras. Su historia es tan agitada e increíble que más parece surgir de la pluma de un escritor, de aquellos que crean héroes fantásticos con súper poderes y con enormes dosis de fortuna. Pero fue un hombre de carne y hueso, demasiado humano, al punto que se le señalan varios defectos pero es unánimemente reconocido como un líder carismático y valiente estratega y honrado político.
 
Para hacer un pequeño esbozo de su personalidad, lo cual resulta casi imposible en el espacio de un artículo, hay que tomar elementos de varios personajes históricos, pues combina características de Simón Bolívar, Ché Guevara, Marco Polo, Leónidas, Napoleón, Mío Cid, Lafayette, hasta de Casanova, y aún tomar prestados de personajes de fantasía como Indiana Jones.   

Nació en Niza, entonces parte del Piamonte (italiano); hoy día es parte de Francia. En sus primeros años fue marinero como su padre. Cerca de Estambul unos piratas turcos los atraparon y ordenaron su ejecución, tuvo suerte pues solo lo hirieron en la mano. Escapó y años después volvió a navegar por el Mar Muerto, donde fue testigo de la guerra turco-rusa. En 1832, a sus 25 años, obtuvo el rango de capitán de buques mercantes. Al servicio de la marina sarda participó en un movimiento republicano en el Piamonte. Fallaron pero pudo escapar y fue condenado al exilio. En 1836 se fue a Suramérica en donde vivió en Brasil, Uruguay y Argentina; en cada uno de esos países participó, como comandante, en diferentes movimientos rebeldes. En Brasil apoyó la fracasada insurrección de la república de Rio Grande do Sul; en 1842 fue capitán de la flota uruguaya en contra de Juan Manuel de Rosas, dictador de Argentina. En Granada, Nicaragua, instaló una fábrica de velas y tenía negocios en San Miguel, El Salvador.
 
Pero su mejor carta de presentación es su papel protagónico en la unificación de Italia, donde se le honra como héroe nacional. Al regreso de las Américas combatió en el norte contra el avance de los austríacos y la rebelión del Piamonte; no tuvieron éxito y fue condenado a muerte. Otra vez logró escapar. Pero esa acción marcó el inicio de la reunificación de Italia, el Risorgimento inspirado en las ideas de la Joven Italia de Giussepe Mazzini. Combatió luego contra los Estados Papales donde sus tropas, los camisas rojas, fueron derrotados por un ejército francés. Huyendo de una segura ejecución se refugió en San Marino y  residió luego en Tánger, Nueva York y Perú.

Cuando nuevamente regresó comandó muchas batallas que sería prolijo resumir, en diferentes frentes el norte con los estados de Lombardía, Piamonte, Venecia, Toscana, Modena; y después en el sur: Nápoles, las Dos Sicilias; en Cerdeña. Finalmente, en 1861 se proclamó el nuevo Reino de Italia y entonces Garibaldi, el eterno inconforme, se opuso por sus ideas republicanas y porque Roma mantenía su estatuto de ciudad papal. Sufrió serias heridas en la batalla de Aspromonte, en 1862 y, aunque fue tomado prisionero, fue luego amnistiado y poco después fue elegido nuevamente diputado, esta vez, del Parlamento Italiano.