¿Gerardi para quién?


Hoy hace doce años, monseñor Juan José Gerardi Conedera y miembros de la Iglesia Católica presentaron a la sociedad los resultados del informe: Guatemala Nunca Más, como parte del proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica (Remhi), el cual puso de manifiesto la realidad polí­tica y social del Estado durante el enfrentamiento armado interno.

Gerson Ortiz
usacconsultapopular@gmail.com

Dos dí­as después de ese histórico acontecimiento, el principal promotor del Remhi, monseñor Gerardi, fue brutalmente asesinado. Con ese crimen el Estado firmó, una vez más, su mensaje represor y de odio en contra del rescate de la memoria, la verdad y la justicia que planteaba el sacerdote en el proyecto.

Doce años después el Remhi continúa vigente, y uno de sus principales planteamientos es la construcción de un futuro con memoria para alcanzar así­ la justicia y por ende la paz de nuestra sociedad. Pero no es así­ para todos.

La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHAG), fundada por Gerardi, y la productora de cine «Moralejas Films» se plantearon la tarea de realizar un largometraje sobre la vida del sacerdote. La pelí­cula fue estrenada el 26 de marzo último en los cines del paí­s, luego de un trabajo de casi dos años.

Desde que inició la campaña mediática de difusión de la pelí­cula titulada: «Gerardi», los productores fueron claros en sus fines: «El enfoque sigue la lí­nea filosófica de Moralejas, porque se pretende dar un mensaje positivo y esperanzador a la población», citaron en más de una oportunidad.

El proyecto cinematográfico llamó mi atención desde el principio debido a que los hermanos Sammy y Jimmy Morales, a cargo de la producción del largometraje, son también los productores y actores de un programa con contenido racista llamado; «Moralejas», además de una serie de pelí­culas en las que presentan como «ingenuos» a personajes del oriente del paí­s llamados Nito y Neto.

Sostengo que toda opinión o interpretación de una realidad son subjetivas y que en ellas influye la formación y cultura de quien las emite. En ese marco, la realización de una pelí­cula sobre Gerardi dirigida por personas con esos antecedentes no apuntaba a menos.

«Contar la historia de Gerardi, es contar la historia de Guatemala», afirmó en su oportunidad Nery Rodenas, titular de la ODHAG; pero la pelí­cula del sacerdote se alejó deliberadamente de la realidad social guatemalteca y plantea así­ una postura tibia e irresponsable sobre la guerra.

Gerardi, la pelí­cula, es entonces la reproducción del discurso conservador de las clases dominantes en el paí­s: reconciliación, olvido, dar vuelta a la página y empezar un nuevo camino. ¿Era esa la tesis de Gerardi al iniciar un proyecto que planteaba que no puede haber un futuro sin pasado y el cual le costó la vida?

El Remhi probó que el Ejército fue responsable del 92 por ciento de las ejecuciones extrajudiciales, cientos de desapariciones y violaciones; además, que ese exterminio de comunidades enteras fueron una polí­tica de Estado; por lo tanto Gerardi fue asesinado porque asumió su papel polí­tico en una sociedad brutalmente reprimida, pero los realizadores de la cinta muestran a un obispo tenue, indeciso y hasta «apolí­tico». ¿Para quién es el mensaje de la pelí­cula?

Doce años después, la memoria y la convicción de Gerardi siguen vivas en muchos y por ello demandamos al Estado para que juzgue y castigue a los responsables del genocidio, delito claramente probado en el proyecto de Gerardi para el paí­s: ¡Guatemala Nunca Más!