Georgia sigue siendo un corredor de tránsito de recursos energéticos hacia Occidente, pero el conflicto armado con Rusia podría sembrar dudas sobre su fiabilidad y debilitar la esperanza europea de evitar a Rusia a la hora de abastecerse de gas, según analistas.
«Hoy ya no podemos decir que Georgia es un país de tránsito seguro», afirmó Suzanne Nies, especialista en energía del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).
Georgia está situada entre Azerbaiyán y Turquía, una posición estratégica que le ha permitido albergar un nuevo corredor energético hacia Occidente, evitando a Rusia al norte y a Irán al sur.
Dos oleoductos y un gasoducto, controlados por el grupo británico BP, parten desde el mar Caspio hacia Bakú y atraviesan Georgia. Un conducto termina en la ciudad portuaria georgiana de Supsa (mar Negro), los otros dos, incluido el gasoducto, van a Turquía.
La Unión Europea se ha fijado como prioridad reducir su dependencia del gas natural de Rusia, que le proporciona un cuarto de sus necesidades, y ha echado el ojo a las riquezas del mar Caspio y de los países de Asia central.
Estas regiones podrían abastecer al futuro gasoducto paneuropeo «Nabucco», que entraría en servicio en 2013, saliendo desde la frontera turco-georgiana.
«Asistimos a una suerte de retorno al control de Rusia sobre estas regiones y ha finalizado un poco la fase en la que podíamos imaginarnos que los europeos y Estados Unidos podrían tener acceso (a estas regiones) independientemente de Rusia», estimó Nies.
En un primer balance del conflicto ruso-georgiano, los expertos del Grupo Internacional de Crisis destacaron que «los intereses de Rusia serán satisfechos si Georgia deja de ser una vía de tránsito energética clave».
«Los ataques y las ocupaciones de puertos georgianos (sobre todo Poti), que albergan terminales petroleras y están situadas lejos del conflicto de Osetia del Sur, pueden dejar pensar que Moscú al menos se ha beneficiado de la situación», consideraron.
La crisis «acentúa simplemente la necesidad de diversificar las vías de abastecimiento», consideró Simon Wardell, un analista petrolero londinense. Esto vale para Europa, pero también por ejemplo para Azerbaiyán, que podría utilizar más gasoductos rusos o mirar hacia Irán.
Cuando se inauguró el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC) en 2006, que transporta más de 1% de la oferta mundial de crudo hasta el puerto mediterráneo turco de Ceyhan, «todo el mundo era consciente de los riesgos, porque ya había habido un conflicto en Georgia», sostuvo Wardell.
Además, este oleoducto no estaba funcionando en las últimas semanas, porque fue afectado el 5 de agosto por un atentado con explosivos en un tramo situado en territorio turco, reivindicado por rebeldes separatistas kurdos.
Margarita Pirovska, analista de la Agencia Internacional de Energía (AIE), subrayó que las tensiones no son nuevas en la región.
«Nabucco sigue siendo un proyecto interesante, porque los mercados europeos tendrán una creciente necesidad de gas en los próximos años», consideró.
Construido por el grupo austriaco OMV, el húngaro MOL, el rumano Transgaz, el búlgaro Bulgargaz, el turco Botas y el alemán RWE, el gasoducto Nabucco debe trasladar gas hacia Austria a través de Turquía y los Balcanes por 3.300 kilómetros.
Algunos expertos son escépticos sobre su futuro, en ausencia de un abastecimiento garantizado.
«Este gasoducto necesita 30 mil millones de m3 de gas. Azerbaiyán prometió verbalmente 4 mil millones de m3, y en cuanto a Turkmenistán ya vendió cuatro veces sus recursos», resumió Nies, y precisó que muchos recursos de este país ya fueron vendidos a los rusos.
Rusia decidió ayer romper algunos de los acuerdos comerciales alcanzados durante las negociaciones de adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC), mientras las relaciones entre Moscú y Occidente se tensan cada vez más.
La decisión de retirarse de algunos de los acuerdos logrados durante años de arduas negociaciones tuvo lugar en una reunión de gabinete dirigida por el poderoso primer ministro, Vladimir Putin, y confirmó la desilusión de Rusia con las complejas negociaciones requeridas para ingresar a la OMC, que ya posee 153 Estados miembros.
«Proponemos (…) informar a los socios sobre la necesidad de salir de algunos acuerdos que actualmente contradicen los intereses de Rusia», declaró el primer viceprimer ministro ruso, Igor Shuvalov.
«Es razonable», respondió Putin, según las agencias rusas.
Putin, que dejó la presidencia en mayo pero mantiene un papel de enorme influencia, reiteró objeciones previas de Rusia a la adhesión a la OMC, sobre todo el efecto que tendría en la agricultura, pero afirmó que la membresía sigue siendo una meta.
Según Putin, Rusia cumple actualmente con todas las obligaciones asumidas hace varios años a fin de adherir a la OMC.
«Al mismo tiempo, nuestra economía y algunos de sus sectores, entre ellos la agricultura, tienen una carga bastante pesada», deploró.
«Esto hace que no veamos y no sintamos ninguna ventaja en pertenecer (a la OMC), suponiendo que la haya, y nos implica una carga», insistió.
«Tenemos que aclarar todo esto con nuestros socios», añadió. «Esto no significa que debamos renunciar a nuestra aspiración estratégica en la OMC, pero hay que aclarar la cuestión», concluyó Putin, y pidió que «la justicia elemental triunfe».
Shuvalov indicó que en cualquier caso hay pocas posibilidades de finalizar las negociaciones para la adhesión este año.
Los funcionarios rusos no especificaron cuáles acuerdos serán eliminados.
Los comentarios tienen lugar en un contexto de deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente por la incursión militar rusa en su vecino del sur, Georgia, y el apoyo ruso a los separatistas georgianos, así como por los planes estadounidenses de instalar elementos de un escudo de defensa antimisiles en Europa.
Cuando asumió la presidencia, en el año 2000, Putin adoptó la meta de adherir a la OMC, pero pareció crecientemente frustrado con el proceso cuando su segundo mandato llegaba a su fin y aún no había alcanzado su objetivo.
El secretario de Comercio estadounidense, Carlos Gutierrez, sugirió en una entrevista publicada este fin de semana por el semanario alemán Der Spiegel que la crisis entre Rusia y Georgia pone en duda la participación rusa en el Grupo de los Ocho países más industrializados (G8), así como su candidatura a la OMC.
Rusia ha intentado adherir a la OMC desde su creación en 1995.
Su fracaso la transforma en la única gran economía fuera del organismo comercial.
Rusia dio un gran paso hacia el acceso a la OMC en noviembre de 2006, cuando firmó un acuerdo de comercio bilateral con Estados Unidos.
Antes del conflicto en Georgia, Washington insistía en que deseaba que Rusia se sumara a la OMC.
Pero Estados Unidos aún debe eliminar una legislación que data de la Guerra Fría y que restringe el comercio con Rusia e impide su acceso a la OMC, la enmienda Jackson-Vanik.
En junio del año pasado, Putin reclamó una revolución de la arquitectura financiera mundial, que describió como «arcaica, antidemocrática e inflexible».
Las negociaciones sobre el acceso de Rusia a la OMC también se han visto complicadas por la posición de Georgia, que ya la integra y se ha negado a dar el visto bueno a su membresía.