Generalizado el rechazo a tantos diputados


El FRG abultó exageradamente el número de diputados al Congreso como tirando de los cabellos los resultados de un censo elaborado en el marco de sus jugarretas y basándose en una ley emitida a la mejor conveniencia de la politiquerí­a partidista.

Marco Tulio Trejo Paiz

Son 158 los ocupantes de las curules, de los cuales sólo una minorí­a es apta para realizar el trabajo legislativo. Los demás son un onerosí­simo lastre gravitante en el presupuesto nacional que, dicho sea de paso, es alimentado hasta el hartazgo con los dineros del pueblo.

Bastarí­an 48 diputados en el recinto parlamentario (no más); un titular y un suplente por cada uno de los 22 departamentos de la república.

Habrá que escuchar lo que dicen u opina muchos, pero muchos ciudadanos y ciudadanas en programas de radio con relación a los mal llamados «padres de la patria», especialmente en el que con acierto y bizarrí­a dirige Paco Cáceres en la supercadena de Emisoras Unidas todos los domingos de 18:00 a 20:00 horas.

En esos interesantes programas, mucha gente considera que los diputados -en su mayorí­a- son verdaderos zánganos de la colmena burocrática. Son unos pobres diablos de «delito». Significativamente, algunas personas lo comparan con los «gusanos de muerto»…

Es tiempo de reducir a justo término la cantidad de congresistas, porque los 158 dan motivo de peso pesado a todo un pueblo, que está como para balazos, en cuanto a seguir tronando contra todos los congresistas que son medidos indiscriminadamente con un mismo cartabón, no obstante que hay buenos legisladores (muy pocos) que son dignos de reconocimiento. Infortunadamente, por la incapacidad de unos (que son los más) a todos les echan maldiciones…

Habrí­a que reformar la ley para complacer al pueblo que no transita en los tremedales de la politiquerí­a partidista, a fin de reducir el número de diputados, pero no al nivel que pretende uno de los presidenciables, sino como lo está exigiendo estentórea e indignadamente el grueso del pueblo.

En la campaña electoral, que tiende a arreciar dí­a a dí­a, serí­a buen esparavel (léase atarraya), para los candidatos presidenciales, la reducción de las diputaciones, pues podrí­an pescar votantes; más, es lógico pensar que el abultado racimo de diputados arrellanados placenteramente en el alharaquiento caserón de la novena avenida, difí­cilmente estarí­a de acuerdo con el desmoche que está exigiendo a gritos Juan Pueblo; pero, eso sí­, Juan Pueblo puede remedar a un campeón del balompié, en la cancha, en el sentido de patear un esférico que se nos antoja de cuero de danta y meter un espectacular golazo que aplaudirí­a todo el pueblo…