Las Fuerzas Armadas reforzaron su presencia en torno al nuevo presidente de Cuba, Raúl Castro, quien fue su ministro por 49 años y las dejó a cargo de su compañero de guerrilla Julio Casas, el general que administra los negocios y la economía militar, ahora también vicepresidente de Cuba.
Casas, general de tres estrellas (de Cuerpo de Ejército) en un país donde sólo Raúl tiene cuatro, es el nuevo Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y vicepresidente del Consejo de Estado, electo ayer en una histórica sesión parlamentaria, que marcó la salida de Fidel Castro del Gobierno.
De 72 años, Casas fue uno de los jóvenes que peleó bajo las órdenes de Raúl Castro y quien con su hermano Senén -ministro de Transporte fallecido en 1996- siguió en las FAR hasta llegar ambos a general.
Julio se convirtió en el número dos del Ejército a cargo del presupuesto, la retaguardia (abastecimiento) y los negocios que llegaron con la crisis en busca de los dólares para las armas, que ya no vendrían de la desaparecida Unión Soviética, mediante la creación de la corporación turística Gaviota.
Raúl, al presentarlo como nuevo ministro ayer, dijo jocosamente que nunca en 50 años hizo una crítica de consideración a Casas, «salvo la de -como decimos los cubanos- ser muy tacaño, pero de ahí se derivan sus éxitos en el frente económico».
Otros dos generales de tres estrellas, Leopoldo Cintras, y ílvaro López, ingresaron en el Consejo de Estado, donde ahora hay cuatro generales, sin contar a Raúl, mientras que hay cinco en el selecto Buró Político (tres coinciden en ambas estructuras).
Cintras, de 68 años es jefe del Ejército Occidental, tiene en su foja servicios distinciones en ífrica, como jefe de tropas en la guerra de Angola. López (64), un enérgico jefe de Estado Mayor, tiene fama de hombre capaz y práctico.
Casas tiene que ver también con el carácter de laboratorio de política económica de la Industria Militar, cuyas fórmulas han sido trasladadas a la industria civil del país.
Reducidas en número tras la crisis económica, se calcula que las actuales FAR cuentan con 50 mil efectivos, aunque respaldado por cientos de miles de la reserva, un millón de las Milicias de Tropas Territoriales y más de tres millones de personas organizadas en las Brigadas de Producción y Defensa.
Esta división está relacionada con la doctrina militar denominada «Guerra de todo el Pueblo», que tiene como centro la zona de defensa (1.400 que funcionan como minúsculos estados) y la escuadra y móvil, para neutralizar los sofisticados armamentos norteamericanos.
La industria capaz de fabricar y modernizar el abundante parque militar entregado durante 30 años por los soviéticos, como se comprobó en el desfile del 2 de diciembre de 2006, prioriza, acorde con su doctrina militar, la producción de fusiles, minas y demás armamentos ligeros.
Pero la influencia política de las FAR alcanza más allá de los cargos y fuerza económica.
Fidel Castro las definió como «el alma de la revolución» y Raúl recordó en el desfile que cuando aún no existía el Partido «el Ejército fue factor de cohesión y unidad de todo el pueblo y garantizó el poder de los trabajadores y la existencia de la Revolución.»
Sin tradición represiva ni golpista, sus generales son vistos por la población como hombres prácticos, partidarios de reformas, héroes de las campañas militares de Afrecha, y jefes de tropas en el rescate de población durante los huracanes en Cuba.