A pesar de intensas presiones de sus socios de la UE, los gemelos Kaczynski que dirigen Polonia siguen amenazando la obtención de un nuevo tratado europeo, que consideran un instrumento de Alemania para afianzar su hegemonía sobre el bloque.
«El veto sigue siendo muy probable», advirtió nuevamente el primer ministro Jaroslaw Kaczynski en una entrevista a la televisión pública polaca el martes por la noche, a menos de 48 horas de una cumbre europea enteramente dedicada al nuevo tratado.
Los dirigentes de la UE no están sorprendidos. Jaroslaw Kaczynski y su hermano, el presidente Lech Kaczynski, ambos conservadores y euroscépticos, mantienen el mismo discurso desde marzo.
Los europeos saben que los gemelos no hablan a la ligera desde que en noviembre bloquearon la apertura de negociaciones de un acuerdo entre la UE y Rusia.
En un juego maquiavélico esperaron al último momento para decidir cuál de los dos iría a Bruselas, dejando presagiar lo peor si el elegido era Jaroslaw.
A Lech, que según su hermano será quien asista a la cumbre, se le considera más abierto a compromisos. Pero para el eurodiputado Bronislaw Geremek, que compartió con ellos la oposición al comunismo, esto no cambiará nada porque de todos modos el que manda es Jaroslaw.
Este último también es quien llevaba a cabo las últimas pre-negociaciones con el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y con el viceprimer ministro checo Alexandr Vondra.
Los hermanos están decididos a modificar el sistema de votación en las instancias europeas. Rechazan el dispositivo inscrito en el Tratado constitucional, que preveía para las decisiones por mayoría calificada una doble mayoría de 55% de los países y 65% de la población.
En su lugar proponen un sistema que repartiría los votos en función de la raíz cuadrada del número de habitantes. La mayoría estaría entonces fijada en el 62% de los votos. Para Varsovia, la ventaja de este dispositivo es que disminuye ligeramente el peso de los grandes países.
Aunque los hermanos Kaczynski proclamaron con grandilocuencia que estaban dispuestos a «morir por la raíz cuadrada», sus consejeros explican en los pasillos que están abiertos a otro sistema comparable.
Algunos diplomáticos estiman que los hermanos Kaczynski, criados en un ambiente de desconfianza hacia Alemania, podrían considerar como una victoria cualquier solución que redujera la influencia de su vecina.
Fiel portavoz de los gemelos, la ministra polaca de Relaciones Exteriores lo reconoció públicamente: la batalla iniciada sobre el derecho de voto busca reducir una dominación alemana sobre la UE. «Alemania es ya casi una potencia hegemónica en Europa», estimó.
Esta animosidad no facilita la elaboración de un compromiso puesto que Alemania, como presidenta de la UE, es la encargada de dirigir las negociaciones.
Aunque la canciller Angela Merkel multiplicó los gestos hacia Polonia, los Kaczynski siguen alimentando la leyenda de una Alemania a la que le gustaría volver a regentar Polonia y arrebatarle un tercio de su territorio actual.
Así, en caso de derrota tendrán un chivo expiatorio y en caso de compromiso, la victoria de Polonia será aún más satisfactoria.
Ministra polaca de Relaciones Exteriores