Garantes de la impunidad


Es una lástima tener el sentimiento de que en nuestro paí­s el sistema de justicia y los jueces y magistrados que lo componen (salvo escasí­simas excepciones) son los garantes de la impunidad. Conforme han ido pasando los años se han sofisticado las malas prácticas, pero el principio de aniquilar la justicia para darle mayor certeza y garantí­a a la impunidad viene desde mucho tiempo atrás y, por lo tanto, no podemos esperar nada mejor a lo que hoy tenemos.

Pedro Pablo Marroquí­n Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

La parte activa de esta situación también ha estado conformada por aquellos ciudadanos que han visto y siguen viendo cómo se aprovechan de un sistema judicial que no quiere (porque si puede) que este paí­s cambie. La parte pasiva de este mal, lo conformamos nosotros que con nuestra permisividad hemos consentido que secuestren un sistema que fue concebido para proteger a los ciudadanos, no para dañarlos.

Muchos guatemaltecos consideran que un punto básico está en el tamaño que debe de tener el Estado, pero lastimosamente en esa campaña para limitarlo se han eliminado muchas cosas, sobre todo su capacidad para enfrentar los poderes paralelos que tienen dominada la justicia. Ahora la discusión debe de ser más realista y de cómo podemos recuperar esa hegemoní­a estatal que derive no en un Estado más grande o pequeño, sino en un más eficiente.

No entiendo cómo hay personas que puedan defender el estado actual de las situaciones en este paí­s, que, además, se opongan a presencia de entes multinacionales que nos ayuden a combatir la impunidad y peor aún, que nada hagan para cambiar la cochinada en la que vivimos.

Nada les parece, pero tampoco hacen nada para salir adelante, aquí­ no hacen una crí­tica propositiva porque a mucha gente no le interesa que este sistema cambie. Esta es una evidencia clara y concisa.

Es importante que los principales actores nacionales levanten la voz en contra del sistema y sobre todo en el área de justicia. Debemos demostrar que entendemos perfectamente el juego y en base a ello proponer medidas y soluciones que poco a poco nos ayuden.

Limitar que los jueces y magistrados se echen un plumazo hoy es muy difí­cil porque todas las esferas del sistema judicial están copadas y por esa razón es que el clamor popular debe de ser incesante, pero responsable, maduro y sensato. La presión social debe ser ahora un arma muy poderosa, para que al menos, los plumazos judiciales se piensen dos veces.

Cierto que hay recursos que se pueden presentar en contra de jueces y magistrados, pero a su vez son resueltos por magistrados también comprometidos; por ello es vital que las medidas que se tomen y los recursos que se presenten vayan acompañadas por el clamor de un pueblo que está harto de tanta muerte, de tanto robo, de tanta corrupción y sobre todo, está harto que quien la haga no la pague.

Debemos de entender que si unidos es difí­cil, divididos es imposible lograr esos primeros cambios que nos hagan creer que una Guatemala mejor es posible.