Gané otro premio único


El 9 de agosto se me entregó, en acto especial, la medalla y diploma del Premio íšnico de la rama de teatro de los Juegos Florales en honor de la Virgen del Tránsito de la ciudad prócer de Chiquimula de la Sierra.

José Antonio Garcí­a Urrea

Fue un acto de singular relevancia, en el cual se premió también al poeta ganador, premio único, y los ganadores de premios en la rama de cuento, del primero al tercer lugar. No puede ocultarse la emoción que tal acto produce, especialmente como dejo dicho, que se trata de un Premio íšnico. Cuando se enví­a el trabajo persiste la duda por el resultado.

Este acontecer estuvo rodeado de una serie de circunstancias que le dieron un toque singular. Tuve un aviso previo ví­a teléfono de parte del profesor Humberto Dí­az, quien me hizo ver esa circunstancia y me indí­có la fecha y lugar en donde se realizarí­a el acto. Por tener duda sobre la fecha, el dí­a 9 ya apuntado lo llamé telefónicamente para confirmar y mi sorpresa fue que me dijo que era ese dí­a a las 19:00 horas. Como era al filo del mediodí­a, le dije a mi esposa que nos preparáramos para ir. Llegamos a eso de 18:00 horas. Encontramos el lugar pero no estaba presente ninguno de los organizadores. No sabiendo qué hacer, decidimos esperar y un poco más tarde llegó el maestro Dí­az y la situación comenzó a aclararse.

A las 21:00 horas, después de haber escuchado la actuación de un terceto integrado por un teclado, una flauta y un violí­n, magní­ficos, empezó el evento, y al final del mismo se me preguntó que en donde estábamos hospedados, les dijimos con mi esposa que en ninguna parte. Consultas entre ellos. El escritor Carlos Roldán Véliz se ofreció buscarnos alojamiento y cuando regresó dijo que por motivo de la Feria, no habí­a. Otra consulta y otra vez don Carlos: «No se preocupen, yo les consigo en donde quedarse». Regresó y nos dijo: «vénganse conmigo», nos llevó en su auto a casa de una estimable familia a la que le contó nuestra situación, y ella estuvo anuente. Nos dieron una habitación con amplia cama y un ventilador de pie para amortiguar el calor. Por la mañana nos invitaron a desayunar, e incluso fueron a la parada del bus para apartarnos un lugar adelante.

De manera que con mi esposa patentizamos nuestros agradecimientos al profesor Dí­az, a don Carlos Roldán Véliz a la familia Colindres Ponce, por tan grata acogida, y a quienes se movilizaron para que no fuéramos a quedarnos a dormir en una banca del Parque a la intemperie.