G8 inicia cumbre con la crisis entre ceja y ceja


Los jefes de Estado de las ocho economí­as más grandes del mundo se reúnen desde hoy en Italia; de izquierda a derecha: Taro Aso (Japón), Stephen Harper (Canadá), Barack Obama (Estados Unidos), Nicolas Sarkozy (Francia), Silvio Berlusconi (Italia), Dimitri Medvedev (Rusia) y Angela Merkel (Alemania). FOTO LA HORA: AFP PHILIP Wojazer

El G8 inicia hoy en L»Aquila, ciudad del centro de Italia destruida por un sismo, una cumbre de tres dí­as que buscará fórmulas para vincular la salida de la crisis económica mundial a un nuevo modelo de producción, más justo y menos contaminante.


La Cumbre de la G8 también ha estado acompañada de protestas que adversan las disposiciones que se toman en esas reuniones. FOTO LA HORA: AFP MARCO LONGARI

Las tensiones mundiales estarán presentes en las discusiones, empezando por la cuestión nuclear iraní­ y los enfrentamientos étnicos en la región china de Xinjiang, un asunto de última hora que perturbó la cumbre, pues obligó al presidente chino Hu Jintao a regresar a su paí­s.

Hu debí­a participar en las reuniones del G8 de paí­ses industrializados (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia) con el G5 de potencias emergentes (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), que buscan más voz y voto en los grandes asuntos que agitan al planeta, como la crisis económica y el calentamiento global.

De hecho, el G8 deberá demostrar en esta reunión la necesidad de su existencia, ante el protagonismo que ha tomado durante la crisis el G20, que incluye tanto al G5 como a otras potencias regionales como Turquí­a, Arabia Saudí­ y Nigeria.

El G20 habí­a decidido en su cumbre de abril en Londres poner más de un billón de dólares a disposición del Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones, para acudir en ayuda de los paí­ses golpeados por la crisis que sumió a Europa, Estados Unidos y Japón en la recesión, a más de cien millones de personas en el hambre y a decenas de millones en el desempleo.

El jefe de Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, anfitrión de la cumbre, indicó que los lí­deres mundiales podrí­an liberar de 10 mil a 15 mil millones de dólares para desarrollar el sector agropecuario de los paí­ses pobres.

Esa medida cambiarí­a el enfoque tradicional de los paí­ses ricos, más basados en la ayuda alimentaria que en el desarrollo de alternativas productivas, sobre todo en Africa.

El calentamiento global es otro tema en el que se buscan definiciones nuevas, capaces de ofrecer un futuro más respetuoso del planeta sin comprometer las inversiones productivas en los paí­ses ricos ni la industrialización de los demás.

Veintitrés cientí­ficos de las principales economí­as mundiales instaron ayer al G8 a tomar decisiones que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero a partir de 2020 y a conseguir que en 2050 esas emisiones se hayan reducido en al menos un 50% respecto a sus niveles de 1990.

«Llamamos a los dirigentes de nuestros paí­ses a reconocer los riesgos inaceptables provocados por el cambio climático y las oportunidades sin precedentes que una transición a energí­as limpias y con poca emisión de carbono brinda a nuestras economí­as», dicen los firmantes de la carta abierta.

Se espera que el G8 -que representa el 13% de la población mundial pero un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero- respalde el objetivo de limitar el calentamiento global a 2ºC en relación a los niveles anteriores a la revolución industrial, para evitar impactos mayores (en un siglo, la temperatura terrestre ya aumentó casi un grado).

El Foro de las Mayores Economí­as (FME), que se reunirá mañana (con participación del G8, el G5 y de Australia, Indonesia y Corea del Sur), propugna una reducción global del 50% de las emisiones en 2050, lo cual significarí­a un recorte de 80% en los paí­ses industrializados.

La cuestión del programa nuclear iraní­ será abordada hoy en la cena de trabajo del G8, que teme que la República Islámica se dote del arma atómica, indicó un responsable europeo, que pidió el anonimato.

El expediente iraní­ se complicó en las últimas semanas con la violenta represión de las manifestaciones que cuestionaban la transparencia de la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad.

Los llamados de los miembros del G8 a resolver esa crisis «rápidamente, a través de un diálogo democrático y de medios pací­ficos» fueron ignorados por las autoridades iraní­es, que acusaron a las potencias occidentales, y en especial a Gran Bretaña y Estados Unidos, de atizar los disturbios.