Tras la muerte de dos hinchas de Boca Juniors por una disputa interna de su barra brava, que elevó a seis los muertos por violencia en el fútbol este año, el poder político y la dirigencia del fútbol se tiran la pelota, mientras a falta de soluciones de fondo el próximo torneo inicial se jugará sin público visitante.
En la víspera, dos facciones de La Doce, como se apoda el grupo de fanáticos violentos de Boca, se cruzaron a tiros a pocas cuadras del estadio de San Lorenzo, donde debía jugarse un amistoso entre el local y los boquenses por la Copa de Invierno.
Dos hinchas murieron y seis resultaron heridos, uno de ellos muy grave, como consecuencia del enfrentamiento con más de 100 disparos. No hay detenidos por los hechos.
La pelea es por la jefatura de la barrabrava, vacante desde que el líder y su segundo cayeron presos por un caso de homicidio ajeno al fútbol. En realidad, el objeto de disputa es un millonario botín por reventa de entradas, drogas y otros negocios espurios.
Un día después, la presidenta Cristina Fernández y sus funcionarios en el área de seguridad señalaron como responsables de los hechos a la dirigencia de Boca. Ésta a su vez dice que es rehén de los violentos y que debe ser el Estado el encargado de terminar con este flagelo.
«Los que tienen que tomar determinaciones en este sentido son también las dirigencias de los clubes de cortar con todo esto. No es justo. …La justicia también tiene que tomar cartas en el asunto», afirmó la gobernante en diálogo con periodistas tras un acto oficial.
Seis muertos se cobró la violencia en el fútbol en 2013.