Funes pide perdón por masacre


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El presidente Mauricio Funes pidió perdón en nombre del Estado ayer por la matanza de 936 personas en una de las masacres más atroces perpetradas durante la guerra civil al conmemorar ayer el 20 aniversario de la firma de los acuerdos de paz que terminaron con 12 años de conflicto bélico.

Por MARCOS ALEMAN SAN SALVADOR / Agencia AP

«Por esa masacre, por las aberrantes violaciones de los derechos humanos y por los abusos perpetrados, en nombre del Estado salvadoreño pido perdón a las familias de las ví­ctimas», dijo Funes en el acto de conmemoración del vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz que pusieron fin a 12 años de guerra civil que dejaron 75 mil muertos y unos 12 mil desaparecidos.

«Pido perdón a las madres, padres, hijos, hijas, hermanos, hermanas que no saben hasta el dí­a de hoy el paradero de sus seres queridos. Pido perdón al pueblo salvadoreño que fue ví­ctima de la violencia atroz e inaceptable», expresó el Presidente salvadoreño ante miles de campesinos que llegaron al caserí­o El Mozote, en el departamento de Morazán, a unos 210 kilómetros al este de la capital.

Esa localidad fue escenario entre el 11 y 13 de diciembre de 1981 de una operación ejecutada por el ahora extinto batallón Atlacatl en la que alrededor de un millar de personas fueron asesinadas.

Soldados entrenados por Estados Unidos ingresaron a la zona en busca de guerrilleros del Frente Farabundo Martí­ para la Liberación Nacional (FMLN), pero en la incursión mataron a los civiles que encontraron en el lugar.

Muchos de los cuerpos de las ví­ctimas fueron tirados en el interior de una pequeña iglesia y luego procedieron a incendiarla, según los registros de una comisión de la verdad de las Naciones Unidas que rindió un informe tras el cese del conflicto.

El informe divulgado en 1993 luego de la firma de los Acuerdos de Paz, responsabilizó de la masacre en El Mozote al coronel Domingo Monterrosa, por entonces comandante del batallón Atlacatl, así­ como al jefe de operaciones, coronel Armando Azmitia y a otros seis oficiales que nunca fueron juzgados gracias a una amnistí­a decretada por el presidente Alfredo Cristiani horas antes de divulgarse el documento de la ONU.

Monterrosa y Azmitia murieron en la zona de El Mozote el 23 de octubre de 1984, cuando el helicóptero en el que volaban explotó en el aire por una bomba colocada por la guerrilla.

Comandos del batallón Atlacatl también fueron señalados por la comisión de la verdad de asesinar en 1989 a seis sacerdotes jesuitas y sus dos empleadas.

«Aquí­, en El Mozote y comunidades vecinas, hace poco más de 30 años, se consumó una desmesura criminal que se pretendió negar y ocultar sistemáticamente. Aquí­ en tres dí­as y tres noches, se perpetró la más grande masacre contra civiles de la historia contemporánea latinoamericana», afirmó Funes.

«Aquí­ se exterminó a casi un millar de salvadoreñas y salvadoreños, la mitad de ellos niños menores de 18 años. Aquí­ se cometió el peor de los pecados, del que hasta hoy, como Estado, como sociedad, no nos habí­amos arrepentido», agregó.

El Presidente pidió que las fuerzas armadas revisen la interpretación de la historia «a la luz de este reconocimiento que hoy formulo en nombre del Estado salvadoreño y como comandante general de la Fuerza Armada».

Manifestó que «a 20 años de los Acuerdos de Paz y ante una institución militar diferente, democrática, obediente al poder civil, no podemos seguir enarbolando y presentando como héroes de la institución y del paí­s a jefes militares que estuvieron vinculados a graves violaciones a los derechos humanos».

El acto oficial de conmemoración del vigésimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, que encabezó el presidente Funes, fue acompañado de diferentes posiciones en relación a este hecho histórico.

El obispo auxiliar capitalino, monseñor Gregorio Rosa Chávez, resaltó que los Acuerdos de Paz terminaron con la guerra, pero señaló que «hay muchas deudas en el campo de los derechos humanos, están en deuda la situación económica de los más necesitados, lo más pobres siguen siendo lo más pobres», refiriéndose a que persisten algunas de las condiciones que podí­an haberse subsanado con lo pactado.

Eduardo Sancho, conocido durante la guerra como el comandante Fermán Cienfuegos, recordó que cuando se firmó la paz «llegaba la democracia y es que nosotros no habí­amos vivido en democracia, vivimos bajo una dictadura».

Sancho, quien abandonó sus estudios universitarios para incorporarse a la guerrilla hasta formar parte de la comandancia general del FMLN, reconoció que los Acuerdos propiciaron una «reforma del Estado (que) le quitó el poder a los militares y profesionalizó el ejército y la administración del poder polí­tico se lo entregamos a los partidos».

El presidente Alfredo Cristiani (1989-1994), que suscribió los Acuerdos de Paz sostuvo que «fueron nada más un inicio, pero lo suficientemente buenos para parar la guerra y tener la democracia que hoy se vive en el paí­s».

A parecer del exmandatario, los lí­deres actuales tienen ahora la tarea de profundizarlos.

Cristiani sostiene que «la pobreza no es (fue) la causa del conflicto armado, sino, la falta de espacios polí­ticos, que aquí­ existí­a una dictadura militar que no permití­a que otro partido polí­tico llegara al poder por la ví­a electoral democrática».