Las inversiones en la bolsa, desde el punto de vista de quien compra acciones, no tienen que verse con mentalidad de corto plazo sino que debe evaluarse su rendimiento en el curso de períodos más o menos prolongados en los que, siempre, la tendencia termina siendo a la apreciación y mayor valor de las acciones. Hoy los expertos corredores de bolsa no pueden ocultar su angustia al ver el comportamiento del mercado que ha llevado al índice de industriales Dow Jones a niveles inferiores a los de hace cuatro años y, lo más preocupante para ellos, sin que la tendencia a la baja se detenga.
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En otras palabras, los inversionistas que habían colocado en la bolsa sus ahorros y todos los fondos de pensión que se colocan en variados portafolios, han perdido desde los valores de enero alrededor de 35 por ciento de su valor, tomando en cuenta que empezamos el año con el DJI arriba de los trece mil puntos y ahora está alrededor de ocho mil quinientos. Y 35 por ciento es mucho dinero perdido tanto para el inversionista como para las empresas que han visto disminuir el valor de sus acciones, vale decir su capital, en esa misma cantidad, lo que indica cuán grave es la crisis.
Los expertos confían en que este brusco y racial «ajuste» llegue a tocar fondo rápidamente para que se inicie el proceso de recuperación de la economía que será lento y doloroso. El problema es que pese a las medidas que se han tomado en los bancos centrales de todo el mundo, las medidas no provocan reacciones inmediatas y puede más el temor de los tenedores de acciones a seguir perdiendo su dinero y por ello hay una tendencia a vender, lo que empuja los precios para abajo con velocidades que espantan a los corredores de la bolsa.
Algunos dicen que es éste un buen momento para comprar acciones de empresas que históricamente han rendido buenos dividendos porque tarde o temprano deberá mejorar su valor en la bolsa y que ahora se pueden conseguir verdaderas gangas, pero no deja de ser un riesgo el suponer que ese fondo que debe tocar la economía está ya cerca y que en esa dimensión pueden obtenerse beneficios del rebote.
De hecho, a media mañana algunas de esas empresas empezaban a ver que sus títulos eran buscados por los corredores para colocar allí el dinero menguado de inversionistas que habían vendido acciones de empresas que parecían ir más aceleradamente a la baja, entre ellas la misma General Motors que ha sido estandarte de la industria norteamericana.
El problema, creo yo, es que el ambiente político de Estados Unidos ayuda poco a que los inversionistas recuperen la calma y abandonen el pánico que se ve en los mercados bursátiles y que debe ser muy parecido al que se vivió en el año 1929. Porque en vez de que los candidatos se concentren en el tema económico y expliciten su propuesta, están enfrascados en una campaña de ataques personales que son el último recurso que parece tener McCain para evitar su caída que es tan contundente como la de la bolsa. La economía necesita signos alentadores y el tono de una campaña que puede dividir profundamente al electorado de Estados Unidos por el agrio contenido de los ataques no apunta a que los dos partidos puedan cooperar en el futuro para resolver la angustia del ciudadano.