Fuerte protesta


Vigilancia. La policí­a custodia en el fondo la manifestación liderada por miles de monjes budistas. (AFP / La Hora)

Más de 130 mil birmanos inundaron hoy las calles de Rangún sumándose a la protesta iniciada hace una semana por los monjes budistas contra la junta militar de Birmania, la más importante en las últimas dos décadas.


Dos manifestaciones, con miles de participantes en cada una de ellas, continuaban hoy poco antes de las 16:15 horas locales, una en el centro de Rangún y la otra en el norte de la ciudad.

Según estimaciones citadas por algunos testigos, más de 100 mil personas participaban en la marcha del norte de Rangún, concretamente en el barrio de Hledan, donde se encuentra un antiguo campus universitario que fue escenario de la última gran protesta popular contra los generales, en 1988.

Las tiendas cerraron y el tráfico se paralizó mientras la muchedumbre marchaba por las calles, cantando plegarias de paz y pidiendo a la gente que no gritara consignas polí­ticas contra el régimen.

Esa manifestación, de un kilómetro de longitud, se dirigí­a a primeras horas de la tarde hacia la «pagoda de la Paz», en el norte de la ciudad, según algunos testigos.

Asimismo, al menos 30.000 personas, la mitad de ellas monjes, participaban en la marcha por el centro de Rangún, que habí­a empezado horas antes en el lugar emblemático de comienzo de las protestas ininterrumpidas de los bonzos en los últimos siete dí­as: la célebre pagoda Shwedagon.

Los generales birmanos siempre actuaron con dureza contra la disidencia. La represión que realizaron de la protesta de 1988 dejó cientos, e incluso miles, de muertos.

Sin embargo, las marchas del lunes son las últimas de un movimiento de protesta iniciado hace poco más de un mes contra la junta militar a raí­z de su decisión de aumentar el precio del combustible y de los transportes públicos en el pobre paí­s del sureste asiático.

«Este es un movimiento pací­fico», rezaban las pancartas de algunos de los manifestantes del lunes mientras otros desfilaban con lágrimas en sus ojos.

El cortejo que desfiló por el centro de la ciudad pasó por delante de la sede de la Liga Nacional para la Democracia (NLD), el partido de la opositora y premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, que ganó las elecciones de 1990 pero al que los militares nunca le dejaron gobernar.

Mientras los monjes desfilaban cantando oraciones de paz, los responsables de la NLD salieron del edificio y saludaron respetuosamente a la muchedumbre.

«Marchamos por la gente», dijo a través de un altavoz uno de los monjes de la marcha para reiterar a continuación su petición de que no se gritaran lemas polí­ticos, sólo plegarias de paz y compasión.

Pese al carácter pací­fico de las protestas, su duración por séptimo dí­a consecutivo ha desatado voces de temor ante la posible reacción de los lí­deres militares birmanos.

Según los analistas, los generales se están conteniendo porque saben que la violencia contra los monjes, muy reverenciados en una Birmania devota del budismo, provocarí­a aún mayor descontento.

David Mathieson, un asesor de la organización pro-derechos humanos con sede en Nueva York Human Rights Watch, señaló a la AFP que el hecho de que los civiles se hayan sumado masivamente a los monjes el domingo y el lunes marcha una significativa escalada del movimiento de protesta.

Sorpresivamente, el sábado, la policí­a permitió a unos 2.000 bonzos y civiles rezar delante de la residencia de Suu Kyi que, por su parte, salió de esa casa en la que lleva casi 18 años recluida debido a su oposición a los militares y saludó a los manifestantes.

Sin embargo, agentes antidisturbios bloquearon a un grupo de 20.000 personas que el domingo pretendí­an llegar también ante la casa de la premio Nobel de la Paz.

Además, las autoridades reforzaron el despliegue de fuerzas del orden en los alrededores de la residencia de la lí­der opositora.

Win Min, un analista birmano basado en Tailandia, declaró su temor de que esos refuerzos sean señal de una intervención militar contra los manifetantes.

«Si la gente no obedece, puede haber violencia», dijo.

Según grupos de defensa de los derechos humanos, más de 200 opositores han sido arrestados desde el comienzo de las protestas, que también se desarrollan, si bien con menor entidad, en otras ciudades de Birmania además de Rangún.

Estados Unidos y Europa preparan tratar el tema de Birmania en la Asamblea General anual de esta semana en la ONU.

Diálogo y moderación

Estados Unidos reclamó a la junta militar que gobierna Birmania que demuestre «moderación» para enfrentar las protestas masivas, y que ambas partes dialoguen.

«La misión estadounidense en Birmania está monitoreando cuidadosamente los hechos y estamos realizando consultas con aliados y amigos en la región, para alentar el diálogo entre el régimen y aquellos que buscan la libertad, así­ como alentar al régimen a mostrar moderación», dijo el vocero del Consejo de Seguridad Nacional, Gordon Johndroe.

Más de 130.000 birmanos inundaron el lunes las calles de Rangún sumándose a la protesta iniciada hace una semana por los monjes budistas contra la junta militar de Birmania, la más importante en las últimas dos décadas.

Los generales birmanos han actuado con dureza contra la disidencia en el pasado. La represión que realizaron de la protesta de 1988 dejó cientos, e incluso miles, de muertos.

Estados Unidos y Europa pretenden tratar el tema de Birmania en la Asamblea General anual de esta semana en la ONU.