Juan-Luis Pintos es un sociólogo español, de la Universidad de Santiago de Compostela, que me ha impresionado por su forma de escribir: libre, directa, erudita, certera. Entre las muchas cosas que le he leído, me impactaron dos artículos, que quiero compartir, a propósito del juicio al General retirado Efraín Ríos Montt.
Dice Pintos “por mi edad pertenezco a una generación en la que la ideología ocupó un eje cognitivo central. No hicimos la guerra (civil/incivil), la hicieron nuestros padres. Algunos la contaron como la habían vivido, otros no quisieron hablar de ello. Nosotros, como generación, recibimos varias versiones de los mismos hechos, diferenciadas básicamente por el entorno familiar, los entornos educativos y las lecturas y curiosidades desplegadas”. A mí, también me pasó algo parecido con la guerra interna en Guatemala, por eso traigo a colación este interesante tema, porque tuve versiones contradictorias.
“Durante demasiados años vivimos de creencias en las narraciones que cada versión nos proponía. «Derecha» e «Izquierda» como posiciones políticas definidas tuvieron sentido para nuestra generación durante muchos años. Demasiados años. Lo que me interesa comentar, agrega el español, es que la mayor parte de los individuos de mi generación entendimos la política en relación al «poder». Su origen, su ejercicio, sus formas, sus ventajas y sus inconvenientes, hasta plantearnos una perspectiva monoteísta del poder. Aprendimos, primero del marxismo y luego de Foucault, que el medio del poder abarca todos los ámbitos de la vida. Que los problemas que nos planteamos, como «humanidad» y como individuos, sólo tienen solución en el ámbito de la política”.
El sociólogo español, comenta que ese fue el principal error generacional: hacer de las relaciones de poder el eje de todas las relaciones sociales. “Creernos que solo desde la posición del poder es posible resolver los problemas que nos acucian. Luchar por llegar al poder para luego ser transformados por él. Y una vez que se fracasa en unas expectativas no excesivamente reflexionadas, aferrarse al escepticismo más absoluto acerca de las posibilidades de cambiar lo que en otros tiempos se denominaba la naturaleza o la condición humana”.
“Tener poder, agrega Pintos, no es considerarse superior, líder, mandamás, sino que los demás hagan caso de lo que dices. Se pueden firmar leyes y luego no cumplirlas ni la administración ni los ciudadanos. Un Estado de Derecho no es el que tiene muchas leyes sino el que las cumple y mantiene su ‘vigencia’, o la renueva (Ortega)”
“La política tiene que ver con la toma de decisiones. Especialmente aquellas decisiones que afectan a la mayor parte de los ciudadanos, que en cuanto afectados están interesados. Los procesos concretos por los que se ponen de acuerdo para tomar esas decisiones son los auténticos procesos políticos. Por eso el político reconocido va semejándose más al administrador que al militar o al héroe. Ni el político, ni la política «nos salvan». Y Pintos recuerda a Ortega: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo».
Comentando un libro, Pintos agrega: “todos los fragmentos de memoria son verdaderos, pero alimentan un relato adaptado a un objetivo ideológico. Los loros nunca sienten vergüenza”. Se refiere a que cualquier discurso que alguien emite, tiene un contenido ideológico. Un trasfondo. Una postura. Antes se hablaba de ideologías izquierda o derecha, que iban desde la moderación al radicalismo. Luego surgió el centrismo. Y nos fijamos demasiado en las ideologías involucradas en la guerra interna, pero le ponemos menos atención al terrible dolor que causó esa locura que vivimos en la década de los 80´s… cuando la izquierda y la derecha, desataron los demonios en Guatemala, con sus notables diferencias. Pero fue demoniaco, imposible de olvidar.