Estoy convencido que hay al menos tres problemas urbanos graves que han escapado ya al control y la capacidad del Municipio de Guatemala y que requieren con urgencia la implementación no sólo del Distrito Metropolitano, sino que de una inversión fuerte que sólo puede hacer el gobierno central. Los problemas del transporte, exacerbados ahora con el inicio de operaciones del Transmetro, obligan a los guatemaltecos a entender que estamos atrasados varios años en esa materia y que para crear un sistema eficiente que permita sustituir el uso de automóviles particulares por unidades de transporte colectivo, hace falta gastar cientos de millones. Además, el área metropolitana rebasó hace muchos años la jurisdicción territorial del municipio y por lo tanto cualquier solución tiene que ser encarada con visión más regional y en muchos casos nacional.
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Ayer el presidente Berger habló de la necesaria coordinación entre el Gobierno y el municipio, pero pienso que ya no es cuestión de coordinar y que es una lástima que teniendo de Presidente a quien fue Alcalde y de Alcalde a quien fue Presidente, no se aproveche tan especial coyuntura para encontrar soluciones definitivas a grandes problemas que nos han de agobiar en el futuro.
Berger y Arzú tienen que saber que los grandes desafíos de los próximos años serán transporte, agua potable y saneamiento del área metropolitana y que en todos ellos las inversiones que se requieren son astronómicas y que en los tres casos, además, urgen soluciones para toda la región y no sólo para el municipio. La construcción de redes de drenajes y plantas de tratamiento de las aguas servidas, que es parte crucial del plan de saneamiento que no se ha emprendido, no puede llegar hasta los linderos del municipio y el agua potable no la podemos encontrar en su jurisdicción territorial. El sistema de transporte tampoco puede llegar a la línea divisoria entre una y otra de las municipalidades, por lo que tenemos que entrarle sin dilación al tema del Distrito Metropolitano y el Gobierno central tiene que jugar un papel determinante en el financiamiento y ejecución de obras para atender al menos esos tres puntos críticos que comprometen el futuro de la ciudad.
Nunca antes se había dado, y costará mucho volver a tener esa oportunidad, que coincidieran experiencias de antiguos alcaldes y presidentes en el ejercicio del poder como ocurre hoy, pero esa acumulación de experiencias y de conocimientos no sirvió un comino por diferencias personales torpes que al final de cuentas hicieron estéril la oportunidad de hacer algo con visión completa e integral a favor de quienes habitan la enorme concentración urbana que es la gran metrópoli del país y que dentro de pocos años estará conformada por prácticamente todos los municipios del departamento y por los de otros en donde ya hoy vemos la existencia de auténticas ciudades dormitorio.
Los candidatos presidenciales ahora tendrán que abordar los temas municipales del área metropolitana con algún conocimiento y ojalá que entiendan que no pueden actuar como se hizo en este período, con un divorcio absurdo que a la larga no hizo ningún daño ni a Berger ni a Arzú, sino a los millones que vivimos apretujados, sin saneamiento, sin agua y sin eficiente transporte en la ciudad y, lo peor de todo, sin planes eficientes para resolver esos agudos problemas en el futuro. El abandono de la planificación en todos los estratos de la administración pública es posiblemente el legado más significativo de los años de gestión nacional y municipal de un mismo equipo distanciado por caprichos, pero unido por su desprecio a la planificación.