El aumento en la tarifa del servicio de energía eléctrica tiene mucho que ver con el sistema que tiene Guatemala para producirla, puesto que se ha privilegiado el uso de plantas térmicas que son de más barata instalación, pero cuya operación demanda quemar combustibles fósiles y por lo tanto están sujetas a las variaciones del precio del petróleo. Desde 1982 se abandonó el Plan Nacional de Electrificación que se había diseñado contemplando la construcción de varias plantas hidroeléctricas de gran magnitud, de las cuales apenas se construyó la de Chixoy, pero el gobierno de facto de Ríos Montt abandonó lo planificado y luego tuvimos la crisis en tiempos de Jorge Serrano, cuando no había producción suficiente para abastecer la demanda.
Desde ese gobierno se empezaron a realizar contratos con proveedores particulares que vendían la energía al INDE y este a su vez la proporcionaba a la Empresa Eléctrica y a los consumidores en la mayor parte del territorio del país. Pero los contratos se calcaron de los que hubo de suscribirse en condiciones de emergencia, lo que hizo muy rentable para los productores de energía la negociación en Guatemala, además de que gozaban de otra serie de privilegios.
Y mientras los precios del petróleo se mantuvieron estables, pagamos una energía más cara que el resto del mundo, pero se entendía que los costos se mantenían relativamente estables. Ahora no sólo seguimos pagando muy cara la energía, sino que se vislumbran aumentos periódicos que serán producto de la volatilidad del mercado mundial de combustibles fósiles.
De esa cuenta es urgente retomar y actualizar el plan de electrificación mediante la construcción de grandes y pequeñas plantas hidráulicas que seguramente tendrán un costo de construcción mayor y demandan más tiempo de obra, pero que una vez construidas son operativamente mucho más baratas.
Creemos que es fundamental que en estas circunstancias reparemos en las graves consecuencias que tiene para el país depender en tan alto porcentaje de plantas térmicas que queman combustible. Es imperativo que aprovechemos los caudales de nuestros ríos para generar electricidad puesto que además de tener todavía agua abundante, la topografía del terreno en Guatemala permite aprovechar las diferentes alturas para generar más electricidad. Ojalá que la crisis nos sirva, cuando menos, para planificar nuestro futuro y apegarnos a una planificación sensata en la que, por supuesto, tiene que haber interés por evitar la corrupción en los contratos, que ha sido tan común en el pasado.