¿Fue suicidio?


El halo de misterio que rodea la muerte de Hugo Arce es una nueva prueba para verificar el grado de incredulidad de la sociedad guatemalteca frente a cualquier suceso que aparezca conectado, de manera directa o tangencial, con las esferas del poder. El cuerpo de Hugo apareció en la habitación de un hotel y la primera hipótesis oficial es el suicidio.

Marco Vinicio Mejí­a

Las declaraciones de las hijas del poeta y polemista confirman la crisis de certeza en las investigaciones criminales. El espí­ritu indómito y contradictorio de Hugo hace que su familia se sienta impelida a creer que las cosas no ocurrieron como se conjetura, sino exactamente a la inversa. Existe hoy en el paí­s una suerte de credulidad al revés: si las fuentes autorizadas aseguran que sucedió tal cosa, tendemos a pensar que acaeció justamente lo contrario. «Dime de qué te jactas y te diré de qué adoleces», dice un viejo refrán español. Esto es algo parecido: «Dime de qué modo se dieron los sucesos y yo sabré, por lo menos, de qué modo no ocurrieron».

La incredulidad cuando alcanza estado público no es un fenómeno menor. Es un dato terrible de la realidad. No es el caso Hugo Arce, con toda su carga de dramatismo y con sus probables implicaciones polí­ticas lo que interesa destacar aquí­. Ahora, no hay certeza si su muerte fue inducida o hubo un plan para eliminarlo.

Este hecho policial con trasfondo polí­tico, parece formar parte de una realidad virtual, de la que todos desconfí­an y en la que varios creen reconocer la huella de una mano criminal confabulatoria que nadie termina, sin embargo, de identificar.

Que Guatemala deje de mirarse a sí­ misma como un dato virtual. Que la certeza vuelva a habitar entre nosotros y nos devuelva la seguridad de saber qué clase de paí­s somos, qué justicia queremos tener y qué trato deseamos sostener con eso tan remoto e inasible que llamamos la verdad.