Frustrado, pero no vencido


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Si no fuera por Erick Barrondo todo fuera un horizonte gris en el plano nacional. Afectados una vez más por la falta de transparencia, el país atraviesa un momento coyuntural muy importante, pero que carece de un elemento vital para generar avances, que es el interés social. Seguimos siendo incapaces de utilizar los hechos negativos que ocurren en nuestro país para lograr cambios.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


Que los descuartizamientos hayan aumentado en 250%, que La Riviera siga defraudando millones al fisco con su permiso y complicidad, que el puerto sea concesionado vía usufructo a cambio de una migaja en un proceso más oscuro que un cuarto para revelar, que se sigan robando celulares solo que ahora con joyas de los usuarios incluidas y que las leyes anticorrupción tengan el mismo chance de ser aprobadas que nuestra probabilidad de mandar a alguien a la Luna, son temas que no nos quitan el sueño, como tampoco nos lo ha quitado el hecho que nuestra gente se muera por razones tan absurdas en pleno siglo XXI.

En cualquier otro país del mundo, a pesar de las diferentes formas de pensamiento, existen hechos capaces de unir a diversos grupos o actores para cerrar filas por causas comunes. En Guatemala eso no es posible porque hemos permitido que se deteriore mucho ese deseo de alcanzar acuerdos mínimos traduciéndolo en una opaca o casi nula capacidad para negociar en el buen sentido de la palabra.

Hasta para las cosas buenas encontramos la habilidad de quedarnos a medias. Erick Barrondo será de aquí a que terminen las olimpiadas el héroe bendito de Guatemala, pero pasadas estas encontraremos la forma de dejar en el olvido lo que ha logrado, cuando su triunfo nos debería servir para replantearnos la estrategia nacional en el deporte, en el sentido de hacia dónde queremos que se vayan nuestros recursos y las penas que deban enfrentar quienes los utilicen mal.

En esas condiciones es muy difícil que un país cambie. Una sociedad que se conforma con que los negocios solo cambien de manos, que los hagan quienes según ellos “no tienen necesidad de robar”, está condenada a seguir fracasando, sumida en el subdesarrollo, sentenciando a nuestra gente a morirse de hambre, haciendo solo cosas cosméticas para lavar conciencia. Esa ha sido nuestra historia y nada parece que va detener este fatal desenlace.

Como regla general debemos saber que lo que hoy critican los políticos y buena parte de la sociedad, será lo mismo que harán unos años más adelante en el camino de la vida. ¿Se imagina usted qué hubiera dicho Otto Pérez y Roxana Baldetti si los “picaros y shumos” de la UNE concesionan el puerto de esa manera? ¿Cree usted que si Lider hubiera concesionado así el puerto, nuestra sociedad estaría tan tranquila? ¿Cree usted que si unos artesanos de Sololá operaran en el aeropuerto sin pagar impuestos, estaríamos sin inmutarnos como ahora?

Por tanto, cuando queramos saber por qué el país está como está, no solo culpemos a unos políticos que son respuesta a nuestras perversas maneras de vivir, de pensar, pero sobre todo de actuar como colectividad. Somos los únicos responsables de tener una estructura y un sistema fallido que solo alienta al pícaro, al corrupto y encuentra la manera de marginar al honrando que desea hacer bien las cosas.

Dicho todo lo anterior y mostrada esa frustración que existe a flor de piel, es que Erick Barrondo y todos aquellos guatemaltecos que de forma silenciosa, pero categórica viven su día a día convencidos que este país puede cambiar y se entregan a la causa, son al final el motor necesario para no claudicar, para luchar por lo que uno cree y seguir desde trincheras como ésta,  intentando aportarle lo mejor a este país.