Jérome Kerviel, corredor acusado por el banco francés Société Générale de ser el autor de un fraude histórico, admitió durante los interrogatorios que «disimuló» algunos de sus actos pero subrayó que no obró en beneficio propio y que su objetivo era convertirse en un broker «excepcional».
Según anunció hoy el fiscal de París, Jean-Claude Marin, Kerviel, que hasta el pasado jueves era un empleado de 31 años discreto y no especialmente brillante, declaró que «no actuó en su propio beneficio».
No obstante, el fiscal explicó que el empleado «esperaba convertirse en un corredor de acciones excepcional y obtener primas de rendimiento superiores», que podrían haber alcanzado los «300 mil euros en 2007».
El empleado cobraba unos 100 mil euros anuales, una cantidad considerada pequeña en el mundo de las finanzas.
Después de dos días de interrogatorio, la fiscalía de París decidió abrir hoy una investigación judicial por «falsificación y utilización de falsificación» en este caso y por ello, el empleado del banco, que fue trasladado ya al tribunal de París donde podría ser inculpado en breve, pasará a prisión preventiva.
La investigación también tratará las acusaciones de «abuso de confianza agravado por la situación profesional de su autor» e «intento de fraude», explicó Marin.
Si Kerviel es inculpado y juzgado, podría ser condenado a hasta siete años de cárcel y 750 mil euros de multa.
El banco francés acusa a este «broker» de haber cometido un fraude de 4 mil 900 millones de euros (más de 7 mil USD millones) al realizar operaciones no autorizadas y tremendamente arriesgas en el mercado de acciones durante un año, sin que los sistemas de control de Société Générale detectaran ninguna irregularidad.
Por otra parte, la investigación iniciada «no muestra un fallo total del sistema (de protección) de la Société Générale», según Marin.
Concretamente, parece que «hubo varias alertas emitidas por responsables de sección (de la Société Générale) y que estas alertas recibieron respuestas falsas que permitieron constatar que las operaciones en cuestión no eran arriesgadas porque estaban cubiertas», explicó Marin.
El fiscal explicó que el empleado comenzó a «tomar posiciones no autorizadas por el banco» en los mercados desde finales del año 2005.
Las primeras posiciones financieras de este osado «broker» no eran excepcionalmente altas si se comparan con las descubiertas el 18 de enero por Societé Générale, que ascienden a 50 mil millones de euros.
«Entre 2006 y 2007, realizó poco a poco operaciones puramente especulativas», declaró Marin.
Hoy, el presidente del banco francés, Daniel Bouton, negó que exista un «complot» que convierta al empleado al que la entidad acusa de un fraude millonario en un agente al servicio de un banco ruso, como apuntan algunos rumores, o en un chivo expiatorio usado para esconder otras pérdidas.
El abogado de Kerviel, Christian Charriere-Bournazel, se declaró hoy «convencido» de que el corredor es una víctima y aseguró que pedirá «que todos los responsables del banco presten declaración» ante un juez.
En la bolsa de París, la acción de la Societé Générale seguía hundiéndose y cotizaba hoy en su nivel más bajo desde el verano de 2004. Concretamente, a mediodía cada título valía 68.67 euros, en baja del 7,04% respecto al viernes.
Durante la semana pasada, la acción de este banco ya acumuló pérdidas de 13,44%.
El Partido Socialista francés, principal fuerza de oposición, pidió hoy la creación de una comisión parlamentaria de investigación sobre este asunto que muestra las «irregularidades» del sistema financiero.
Para la ministra de Economía, Christine Lagarde, la Société Générale «respetó el reglamento» e «hizo lo que tenía que hacer» tras descubrir el agujero financiero.