Francisco y el legado ante el mundo


pedro-pablo-marroquin

Como católico, la semana pasada viví un momento especial con la elección del Papa Francisco porque sentí que la Iglesia de la que soy fiel tiene una oportunidad para replantearse la forma de encarar las difíciles situaciones que atraviesa y que, a mi juicio, llevaron a la renuncia de Benedicto XVI.

Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt


Una Iglesia que ha pensado en los años recientes más en sus sacerdotes que en su gente y que en parte le ha valido la pérdida de fieles por los casos de pederastia que no han enfrentado como dignos hijos de Dios y la Curia del Vaticano que no escapa de los escándalos que afectan a la mayoría de Estados, son a mi forma de ver, los principales retos que se le plantean al Papa Francisco al inicio de su mandato, dándole una oportunidad de oro para cambiar la formas de proceder de la Iglesia.

El Papa Francisco nos da esperanza porque ha iniciado su papado con extraordinarios actos de humildad, extraños en quienes ocupan una posición de tanto liderazgo y poder, y porque en el transcurso de su vida en Argentina ha mantenido una postura que le ha valido que ni la derecha ni la izquierda estén de acuerdo con él, lo que a mi juicio se traduce en la objetividad y en la rectitud de su actuar a lo largo de los años.

El miércoles pasado mientras el Papa Francisco, antes de dar la bendición, nos pedía a los fieles que rezáramos por él y sabiendo cómo funcionan las estructuras de poder, yo pensaba que era razonable preguntarnos qué le tocaría enfrentar al Papa de 76 años que no era parte de la Curia y es alguien visto como una persona ajena a la raíces y al juego del poder en el Vaticano. Seguro hay cosas que ni siquiera nos podemos imaginar.

Tras su elección, el mundo entero tiene la fe que Francisco pueda traer cambios en la Iglesia por medio de los cuales, a través de su ejemplo, los católicos podamos materializar el llamado de Juan Pablo II de no vivir un “divorcio entre fe y vida” y eso significa que los millones de creyentes alrededor del mundo, debemos actuar de conformidad con nuestros principios sin atentar contra nuestra conciencia, por más acostumbrada que la misma esté a las transgresiones.

Y un buen ejemplo sería un correcto manejo de los casos de pederastia, en donde se reconozca que las víctimas son los niños que han sufrido abusos y que al hacerlo, no significa atentar ni debilitar a la Iglesia sino enfrentar las cosas sobre la base de los designios de Dios y como dignos hijos de él.

Otro cambio que es fundamental para lo que vive el mundo actual, es la forma en la que se maneje la curia del Vaticano y la manera en que lidian con el poder y las finanzas de la Iglesia, porque uno de los grandes problemas de la humanidad, que afecta tanto la pobreza por la que se preocupa Francisco, es la corrupción y la falta de transparencia de la que el Vaticano no se escapa; el Papa tiene la oportunidad de predicar con el ejemplo y enseñarle al mundo que la transparencia es cosa de Dios.

No obstante el Papa Francisco nos debe liderar y enseñar el camino, algunas cosas no serán inmediatas; nosotros como fieles e hijos de Dios (incluidos quienes no profesan la fe católica), estamos llamados a jugar un papel fundamental en la cotidianidad, en nuestro espacio porque aunque tuviéramos al mejor Papa de todos los tiempo liderando la Iglesia, si nosotros no decidimos dejar ese “divorcio entre fe y vida” jamás podremos ver cambios en la humanidad que nos permitan ser mejores y aspirar a un mundo diferente para nuestra niñez y juventud.

A todos aquellos a quienes la Fe nos ha ayudado a pasar los momentos más flacos de la vida, estamos llamados a hacer un esfuerzo continuo para predicar con el ejemplo e intentar dar todo lo que tenemos en el tanque, con miras a que este mundo pueda ser más justo y mejor.