Francisco: el cristiano tiene que mezclarse en política


EDUardo-Blandon-2013

El buen católico, dijo ayer el Papa Francisco, se mezcla en política. Menudo lío en el que mete a sus feligreses, particularmente en Guatemala donde el terreno se encuentra minado y casi no hay forma segura de salir bien librado. Pero no deja de tener continuidad ese discurso, con la lógica pastoral con la que impulsa su pontificado.

Eduardo Blandón


Ayer estuvo singularmente iluminado. Predicó que quien gobierna “debe amar a su pueblo” porque “un gobernante que no ama, no puede gobernar: como máximo podrá disciplinar, poner un poco de orden, pero no gobernar” Expresiones que quizá caen como anillo al dedo en nuestros gobernantes, cuyo único deseo es el lucro y las ventajas del poder.

“¡No se puede gobernar sin amor al pueblo y sin humildad!  Y cada hombre y mujer que toma posesión de un servicio de gobierno, debe hacerse estas dos preguntas: “¿Yo amo a mi pueblo para servirlo mejor?”  ¿Soy humilde y escucho a los demás, sus diversas opiniones, para escoger el mejor camino?  Si no se hacen estas preguntas su gobierno no será bueno.  El gobernante, hombre o mujer, que ama a su pueblo es un hombre y mujer humilde”.

El gobernante tiene tanta responsabilidad como los ciudadanos, explicó. Y dejó entrever la crítica para los que se acomodan y ven las decisiones impías de los gobernantes sin inmutarse. Esa posición cómoda, insinuó, no es de cristianos responsables. El seguidor de Cristo se pone en medio de la comunidad y trata de producir frutos en ella.

“Ninguno de nosotros puede decir: ‘pero yo no tengo que ver nada, ellos gobiernan…’ No, no, yo soy responsable de su gobierno y debo hacer lo mejor para que gobiernen bien y debo hacer lo mejor participando en política como pueda. La política, dice la Doctrina Social de la Iglesia, es una de las formas más altas de amor porque es servir al bien común. No puedo lavarme las manos, eh? ¡Todos debemos dar algo!”.

Esta es una idea que debe desperezar a algunos grupos de inmaculados que quieren vivir su cristianismo al margen de la inmundicia de la vida pública. Aunque es cierto que no todos deben participar de la misma forma. Hay algunos que lo pueden hacer desde la oración en el convento o simplemente siendo críticos y respondiendo desde el propio deber cotidiano.

“Un buen católico se mezcla en política ofreciendo lo mejor de sí para que el gobernante pueda gobernar”. Luego se pregunta: “¿Pero cuál es la mejor cosa que nosotros podemos ofrecer a los gobernantes? ¡La oración! Es lo que San Pablo dice: “Orar por todos los hombres y por el rey y por todos los que están en el poder”. “Pero, Padre, esa es una mala persona, debe irse al infierno…”. “Ora por él, ora por ella, para que pueda gobernar bien, para que ame a su pueblo, para que sirvan a su pueblo, para que sea humilde ¡Un cristiano que no ora por los gobernantes no es un buen cristiano!”.