Francia dice adiós al abate Pierre


Visita. El presidente francés Jacques Chirac (D) junto al Primer Ministro Dominique de Villepin cuando llegaban a los actos fúnebres del abate Pierre en Parí­s.

El presidente francés Jacques Chirac, miembros del gobierno, trabajadores humanitarios y centenares de ciudadanos anónimos rindieron el viernes en la catedral Notre Dame de Parí­s un último homenaje al abate Pierre, defensor incansable de los más desvalidos, fallecido el lunes a los 94 años.


Como ya logró en vida, el Abate Pierre consiguió reunir una vez más a ricos y pobres en torno a una ceremonia, en la que se elogió a este «cura de los pobres», que dedicó su vida a perseguir un ambicioso objetivo: dar a todo el mundo el derecho a un alojamiento digno.

En la emblemática catedral parisina, los principales nombres del gobierno francés se inclinaron ante el féretro de este pequeño gran hombre, imitados por decenas de personas sin hogar, numerosos compañeros de fatigas del Abate Pierre, sacerdotes, franceses emocionados e incluso algún turista extranjero.

El funeral fue celebrado por el arzobispo de Parí­s, monseñor André Vingt-Trois, quien calificó en su homilí­a al Abate Pierre de «autoridad moral», y por el presidente de la Conferencia de obispos de Francia, monseñor Jean Pierre Ricard.

Durante la ceremonia, el cardenal Philippe Barbarin, elogió el «dinamismo intrépido» del Abate Pierre, cuyo verdadero nombre era Henri Groues, un hombre consagrado «a Dios y al servicio de los pobres» durante 94 años.

Sobre el ataúd del religioso, rodeado de cuatro cirios y situado ante una cruz de flores frente al altar, reposaban la boina vasca y el bastón que le acompañaron durante toda su vida, así­ como el alba y estola de sacerdote.

Además de Chirac, asistieron a este funeral el primer ministro, Dominique de Villepin, el titular de Interior, Nicolas Sarkozy, que fue abucheado a la llegada a la catedral, el alcalde de Parí­s, Bertrand Delanoe, responsables de la oposición socialista y numerosos artistas como el actor Jean Reno.

Venidos de toda Francia y del extranjero, los compañeros de batalla del Abate Pierre, los trabajadores de los Traperos de Emáus, una asociación repartida por casi 40 paí­ses, prometieron, emocionados, que «seguirán adelante» con la labor iniciada por su fundador.

Resistente durante la segunda guerra mundial, el Abate Pierre lanzó un llamamiento público a la solidaridad con los sin techo en el particularmente frí­o invierno de 1954. Desde entonces, consagró su vida a las personas sin hogar y presionó a todos los gobiernos franceses para que pusieran los medios necesarios para terminar con este drama.

La desaparición del Abate Pierre, durante años la personalidad más querida por los franceses, coincide con una movilización sin precedentes en este paí­s en favor del derecho a un hogar para todos y en ví­speras de que el gobierno promulgue un proyecto de ley al respecto.

Desafiando al terrible frí­o que castiga la capital francesa, unas 2.500 personas siguieron la misa desde el exterior de la catedral gracias a una pantalla gigante.

El Abate Pierre será enterrado el viernes en el cementerio de Esteville, a las afueras de Parí­s, cerca de donde reposan sus primeros compañeros en Emaús: su secretaria durante más de 40 años, Lucia Coutaz, y su gran amigo, Georges Legay.

Siguiendo el deseo del religioso, su tumba no tendrá lápida y será tan humilde como fue su vida.