Centroamérica es la región menos desarrollada del continente americano (situación nada casual), y dentro de la región misma, Honduras es relativamente la menos favorecida, solo por delante de Nicaragua.
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El año pasado la economía hondureña creció 4.0 por ciento, pero este año, a raíz de la crisis económica global; de su dependencia como típico país centroamericano al mercado estadounidense; de la caída de la Inversión Extranjera; de la disminución de remesas que generan más ingresos que las exportaciones; éstas últimas con crecimiento negativo de 20 por ciento, según un miembro del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep); las proyecciones de crecimiento económico antes de la crisis política desatada hace una semana, se situaban en el 2.0 por ciento.
En el nuevo contexto originado desde la ruptura constitucional, las estimaciones no serán nada alentadoras, porque: las instituciones financieras internacionales han congelado los fondos que estaban destinados a ese país, para proyectos de desarrollo; las negociaciones comerciales con la UE se han suspendido; algunas firmas calificadoras han puesto en duda la situación del país; el bloqueo económico de 48 horas para ejercer presión por parte del resto de países del CA-4 ha dejado pérdidas irrecuperables; probablemente el SICA tendrá una nueva crisis a raíz de estos acontecimientos; además, los capitales que con grandes esfuerzos logran atraer los hondureños, sin duda estarán en franca fuga, desde entonces.
Lo apremiante de la terrible y preocupante situación es que se trata de un simbiótico hermano centroamericano y, como lo apunté arriba, es uno de los países más desfavorecidos de la región, lo que inevitablemente complica la situación de pobreza y extrema pobreza; de inseguridad; retrasa al país varias décadas en la civilidad; paraliza las actividades comerciales cotidianas; pone mayor limite a los recursos que el Estado percibe por esa fluidez comercial, entre otras cosas.
Por otro lado, por más que las asociaciones comerciales de la región centroamericana se opongan a los bloqueos económicos arguyendo que están perdiendo cantidades millonarias derivadas de esas medidas y, aunque algunos medios de comunicación nacional en sus editoriales respalden a esas asociaciones, el deterioro económico que está sufriendo el hermano país, de la vecindad, lamentablemente lo sobrellevan las personas más pobres, que jamás se han beneficiado de los periodos de bonanza que han tenido esos empresarios mercantilistas y nada progresistas, que al no contribuir al desarrollo y solo aprovecharse de privilegios, favorecen el subdesarrollo hondureño.
Es urgente, indispensable e improrrogable que la situación política de esa país se normalice lo más pronto posible, puesto que, aunque ellos son los que están sufriendo las consecuencias per se, éstas pueden propagarse en el resto de la región. Y no me refiero solamente a las patéticas condiciones políticas, sino también, a lo perjudicial que resulta para la región esa inestabilidad en el ámbito económico, porque suficiente tenemos con nuestras frágiles economías como para que, esta alteración, nos cueste mucho más.