Fortalecer las instituciones


Es tan crí­tica la situación de nuestras instituciones que el tema fue el centro de actividades del encuentro nacional de empresarios realizado ayer con la participación de cientos de personas, incluyendo algunos funcionarios de gobierno, prominentes figuras del empresariado nacional e invitados extranjeros que vinieron a disertar sobre el tema. La Hora ha insistido desde hace mucho tiempo que ese desafí­o es crucial para Guatemala porque desafortunadamente se ha propiciado el descalabro institucional del Estado al punto de que lo castramos para que no pueda cumplir sus fines y para que apenas si sirva de nido de corrupción e impunidad.


La crisis económica mundial está demostrando que hace falta un nuevo modelo de capitalismo que podrí­amos llamar capitalismo responsable en respuesta a la prédica de una economí­a que se sustenta en el mercado sin control ni regulación. La idea de la responsabilidad social del empresariado no es carente de sentido ni debe tomarse como una expresión demagógica, puesto que si se establecen reglas de juego claras y precisas con los instrumentos de verificación y control idóneos, en verdad se puede encontrar por la ví­a de una armoniosa relación de los factores de producción el camino hacia el desarrollo.

La lucha de clases, como el concepto de un mercado perfecto, no pueden ser los factores determinantes de este principio de siglo y milenio. Por el contrario, creemos que es un momento para empezar a hablar de responsabilidad a la par de los derechos y entender que el capitalismo, para ser exitoso, tiene que ser en beneficio de todos y no de quienes poseen el capital. El problema ha sido que el capitalismo se puede comparar con el azadón porque si mucho plantea los beneficios por derrame que históricamente se han mostrado inútiles e irreales. En cambio, un capitalismo responsable, capaz de propiciar crecimiento económico pero también un mayor bienestar colectivo en la comprensión de que se gana mucho más si todos ganan, puede ser el eje de una nueva concepción de la actividad económica que pueda combinar las más viejas aspiraciones de la humanidad.

El Estado, en ese contexto, tiene no sólo que ser eficiente, sino disponer de una fortaleza institucional que le permita cumplir sus fines. Un Estado capaz de coordinar el gran esfuerzo en busca del desarrollo humano como pieza central del desarrollo nacional es indispensable y así­ lo entienden, por lo visto, los empresarios que se congregaron ayer. Obviamente no estamos en tiempos de vivir bajo la división y lucha de clases, pero, mucho ojo, tampoco en tiempos de vivir bajo la farsa de un mercado perfecto. Tan malo es un extremo como el otro y por ello un capitalismo responsable socialmente puede ser la respuesta.