Formas sutiles de violencia contra la mujer


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No toda la violencia consiste en golpes y agresiones físicas. Por lo que se hace imperceptible para muchas mujeres. Los diferentes tipos de violencia son una afrenta contra la mujer, porque la finalidad es socavar su autoestima, su dignidad como persona y provocar su humillación. Cada expresión de violencia va acompañada de manera ineludible de la violencia psicológica.

Dra. Ana Cristina Morales


La violencia psicológica es invisible y en la práctica de difícil detección. Un grito, el sarcasmo, una burla, el uso de peyorativos, la ridiculización a la persona.  Es corriente que las mujeres se quejen de que sus compañeros de vida, novios, esposos, parejas de unión, las critican de manera frecuente, les dicen lo mal que se ven, que como mujeres “no sirven” que existen mujeres que muy distante a ellas, “si son verdaderas mujeres”.

Un grito siempre es una agresión y aún en los momentos más difíciles de existencia, es de considerar que nadie tiene derecho a levantarle la voz a otra persona, sea esta mujer u hombre, de manera independiente al estrés que se encuentre viviendo. No podemos justificar un grito de ninguna forma. Y en respuesta a este evento las personas tienen el derecho a decir: no me grite, merezco respeto, y no permitir ni tan solo un al parecer “acto inocuo de agresión”.

El estar bajo un sistema de control también es violencia. Cuando no se le permite la mujer ir a ningún lado, visitar a su familia, llamar por teléfono o reunirse con amistades. Cuando no se le consiente  trabajar, estudiar, ir al gimnasio, dedicarse a situaciones diversas como el arte u otra inclinación personal debido a que su pareja no lo ve bien. No se le tolera ser ella misma, vestirse, arreglarse, peinarse como ella desee. Cuando el celular se convierte en un medio de reportarse cada día y en cada momento. Todo ello es también violencia, debido a que la mujer queda privada de su libertad individual sin tener que ir a ninguna cárcel.

Cuando se atenta contra su salud física y emocional. No se le permite trabajar pero tampoco se cuentan con los recursos necesarios para sus necesidades vitales como alimentación, vestuario, el acceso a personal médico o a la toma de medicinas.  No cuenta con espacios propios para realizar ejercicio físico, lectura, escuchar música, ver una película. Cuando los mismos existen para la pareja o para otros miembros de la familia. El famoso control remoto de los televisores se encuentra acaparado por la pareja. Suenan cosas fútiles y sencillas, pero de día a día llegan a cansar. No hay negociaciones posibles, es así porque es así. Existiendo privilegios para los hombres aún a costa del sobreesfuerzo de sus mujeres. Quienes se ven obligadas a cumplir varias jornadas laborales. Trabajan fuera de casa, al igual que sus parejas, pero al llegar al hogar continúan trabajando, realizan los quehaceres domésticos, lavan, cocinan, planchan, son maestras, enfermeras, cuidadoras de sus hijos e hijas y de sus casas en general.  Sin contar, de manera usual, con la colaboración de sus parejas ni el reconocimiento, agradecimiento y valoración de lo que se encuentran realizando.

La desvalorización del trabajo femenino es habitual y esto también es violencia. “Ella trabaja porque quiere”, “total  trabaja para sus gastitos”. Si la mujer posee un título profesional, este es definido como el de la “seño”. Como producto de la falta de reconocimiento al mismo.  Los salarios y el establecimiento de formas de paga por su trabajo, también se deprecian por el hecho de ser mujer, y en ocasiones se solicita de manera gratuita. Las tasas de suicidio han aumentado para el género femenino, incluso llegando a invertirse,  en las calles existen palabras vulgares y hostigadoras para las mujeres, que algunos hombres todavía consideran como “piropos”. Y así podríamos enlistar otras situaciones, pero lo importante es hacer visible lo invisible.