FONAPAZ: Un ente en el ocaso


Edgar-Balsells

Las noticias publicadas en los diarios alrededor de la situación de FONAPAZ, hablan de “un relevo con fricciones”, en virtud de que las nuevas autoridades han encontrado no solo un cúmulo de malos manejos administrativos, sino la existencia de una entidad desfinanciada y altamente endeudada.

Edgar Balsells

 


De acuerdo a declaraciones de Benjamí­n Paniagua, nuevo director de la entidad, la deuda en la institución alcanza los mil 300 millones de quetzales, solicitando además una auditorí­a forense, en virtud de que también se notan irregularidades en los procesos de contratación de personal, siendo que se paga a 948 personas, pero en los listados aparecen solamente 751, según nota publicada por el Diario de Centro América el dí­a de ayer.

Los datos son un indicador del tremendo declive de los entes públicos, en virtud de que en declaraciones adicionales Paniagua asevera que el 80 por ciento de los vehí­culos de la institución están en los talleres y se trata de automotores arrendados, existiendo una también tremenda deuda al respecto.

FONAPAZ es uno de esos fondos creados bajo  la visión y estrategia del proceso de paz. En sus inicios estaba diseñado para atender proyectos sociales relacionados con las zonas territoriales más afectadas por el enfrentamiento armado. Luego, los gobiernos sucesivos fueron extendiendo la cobertura aprovechando su flexibilidad para gastar, por ser un fideicomiso.

En tiempos de su creación estaban de moda los fondos de emergencia y de combate a la pobreza, siendo parte de los esfuerzos complementarios de los denominados programas de Ajuste Estructural, impulsados por organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Pero, como dicen algunos “los paramientras son eternos”, no solo proliferaron en Guatemala y en la región fondos de distinta naturaleza, similares a FONAPAZ, sino se fueron quedando como órganos paralelos a la ejecución del gasto público por parte de los ministerios del ramo social.

En tiempos de ílvaro Colom se llegó al extremo de trasladar a FONAPAZ incluso la construcción de escuelas que formaban parte de negociaciones y programaciones formales con la banca multilateral, como es el caso de un programa de escaso avance en la administración anterior denominado “Mi Escuela Progresa”.

Además, se introdujeron en la institución una buena parte de proyectos ligados con la construcción de acueductos rurales y proyectos de introducción de agua, como es el caso del macroprograma denominado “Agua Fuente de Paz”, apoyado por diferentes agencias de cooperación internacional.

A mi juicio, los diferentes programas de fideicomiso que caen sobre los dominios del Ministerio de Comunicaciones y del futuro Ministerio de Desarrollo Social, muy anunciado por el actual gobierno, deben ser totalmente rediseñados y fundidos en una nueva institución acudiendo a los procedimientos más modernos y de avanzada en materia de Modernización del Estado.

Se habla con insistencia en estos tiempos, a escala regional, de la necesidad de consolidar en el sector público procesos de macrocoordinación de gran calado, y acometer labores de planeación más inteligentes, al igual que como lo hacen las grandes empresas privadas del medio. Y es que en estos tiempos, quien no planea y programa, desperdicia cuantiosos recursos.

Ha llegado la hora de revisar a todos, completamente todos, nuestros entes autónomos, y FONAPAZ es el caso más urgente siendo paradójicamente la institución en la que ílvaro Colom aprendió algo de temas sociales y públicos, pero también la institución más abusada por diputados, polí­ticos y negociantes de siempre.