La fecha memorable en su CLXXXVI aniversario marcó el calendario este 15 de septiembre. Suceso trascendental originado de la emancipación política de España, más que auténtica independencia. Su verdadero sentido aún dista de ser alcanzado, sin embargo, la patria lo ansía de todos.
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Nos encuentra empero, distanciadas las cinco parcelas que constituyeron una patria grande centroamericana en sus inicios, causa de inmediato a la reacción natural. Y lejana está por consiguiente la ocasión histórica de retornar a dicho esquema controversial, efecto de ambiciones.
Arribamos al suceso nacional carentes por lo visto de una sumatoria deseable conformada por significativos valores: libertad, independencia, civismo y patriotismo. Formarlos, inculcarlos y trasmitirlos viene a constituir tarea compartida de padres, sociedad, escuela y autoridades.
Estos, de verdad, su ubicación implica entrega, veneración y responsabilidad, entrándole con ganas sin tregua ni cosa por el estilo. Va más allá de encasillarnos en moldes estereotipados; tampoco atenernos solamente a una rutina incolora, repetida hasta el cansancio, no obstante prevaleciente.
Llegamos a otro aniversario vuelto fiestas patrias, pendientes de que lo puntales básicos generadores del bienestar común podamos disfrutarlos. Hago referencia directa a techo, comida, trabajos y salud. A quién sabe cuántos años luz de suelo guatemalteco de tener presencia visible y firme.
Ante el altar patrio perpetuo, no ocasional nada más, que debería crecer en cada pecho de los connacionales sin excepción, son llamados a demostrarlo cada día del año. Con dicha participación personal ayudarán al engrandecimiento esperado desde tiempo atrás y al desarrollo total.
Existen de consiguiente muchas materias pendientes de recuperación cortoplacista. Actitudes y expresiones conductuales observables representan el perfil mayoritario. De distanciarse ello entonces el cambio anhelado, proseguirán en línea directa las falsas expectativas, por demás crecientes.
Meditemos, si por ejemplo es pedir imposibles acaso el mantenimiento sostenible y duradero de la unidad familiar convertida en integración. Sabemos todos que es el núcleo central de la sociedad, garante de un mejor conglomerado; de allí que su ausencia origina lamentables consecuencias.
Que la desigualdad permanente, a modo de homenaje a la patria tome el sendero hacia su extinción. El trato igualitario sí podrá darle efectividad al término manipulado siempre que todos somos hermanos, además de conciudadanos dispuestos a cooperar sin reservas con nuestro país irredento.
Cuando nuestra Carta Magna, leyes y reglamentos sean respetados al pie de la letra, en vez de quedarse como una cosa muerta, el país será grande. Que el binomio de gobernantes y gobernados sostenga una relación de mutuo entendimiento, comprensión y cortesía, las cosas mostrarán un rostro diferente en el amplio sentido del término.
No más violencia, delincuencia; tampoco corrupción, impunidad, injusticia y odio entre compatriotas; que no haya pobreza y miseria, falta de trabajo y justicia social. De conseguirse algún día lejano vendrá a representar el mejor regalo individual a las fiestas patrias, sin pasarse jamás sobre los intereses de los demás.