El presidente cubano Fidel Castro volvió a la carga contra los agrocombustibles en Brasil, pero extendió una rama de olivo a ese «hermano pueblo», en un nuevo artículo de prensa, que confirma su nueva inclinación por la palabra escrita.
Ahora, Castro se refirió a un documental que califica como «impactante», sobre el corte manual de la caña de azúcar, que la brasileña María Luisa Mendoní§a llevó al reciente VI Encuentro hemisférico contra los Tratados de Libre Comercio.
Sin embargo, a pesar de su fuerte crítica a la política del presidente brasileño Luis Inácio Lula Da Silva en esa materia, Fidel extiende ahora una rama de olivo y aplaude dos acciones de ese gobierno: la nacionalización de la patente de un medicamento contra el sida, y el acuerdo con Bolivia para la venta de dos refinerías de petróleo.
«Apoyamos totalmente el decreto de nacionalización de la patente a una transnacional farmacéutica para la producción y comercialización en Brasil de un medicamento contra el SIDA, el Efavirenz, de precio abusivamente alto», dice Castro.
Cuba, que también produce antiretrovirales, ha entregado a algunos países las patentes para su producción y Castro ha sido un permanente crítico de las compañías que los venden a precios altos.
Castro también aprueba «la reciente solución mutuamente satisfactoria del diferendo con Bolivia sobre las dos refinerías de petróleo» brasileñas, ubicadas en territorio boliviano.
«Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano pueblo de Brasil», dice el jefe de Estado.
Castro, de 80 años, quien convalece hace nueve meses y medio de una complicada cirugía intestinal que lo hizo transferir el poder a su hermano Raúl el 31 de julio, opina qe la política de los biocombutibles impulsada por Estados Unidos y Brasil es perjudicial para los países pobres.
«Es necesario desmitificar la propaganda sobre los supuestos beneficios de los agrocombustibles» dice Castro en su síntesis del documental al que hace referencia.
El gobernante asegura que la película le permitió recordar «los primeros años de (su) vida», cuando nació y creció en la finca productora de caña de azúcar de Birán, propiedad de su padre, un inmigrante gallego.
Castro argumenta que su padre Angel, «tenía cualidades como organizador, reclutó un número elevado de jornaleros como él, se hizo contratista y compró finalmente tierras».
De su madre, Lina Ruz, una joven campesina, segunda mujer de Angel, dice que «era muy abnegada y sumamente consagrada a la familia y a las actividades económicas de la plantación».
Sin embargo, para que nadie dude que es un hombre consecuente, Castro afirma que «aquellas tierras fueron todas entregadas al pueblo por la Revolución», que bajo su mando triunfó en 1959 y dictó dos leyes de reforma agraria, que terminaron con el latifundio.
El texto titulado «Lo que aprendimos en el VI Encuentro Hemisférico de La Habana» es el séptimo trabajo periodístico de Castro desde el 29 de marzo, todos publicados bajo el cintillo «Reflexiones del Comandante en Jefe», que parecen confirmar su nueva pasión por la palabra escrita.