Fernando Lugo


La primera vez que supe de él fue a través de una noticia periodí­stica el año pasado, en donde en Paraguay, un obispo católico querí­a lanzarse a luchar por la Presidencia de su paí­s. Seguí­ de cerca su lucha que, supuse, debí­a empezar por conseguir que la iglesia le diera permiso o lo «excomulgara» o bien que él los mandara al carajo. Al final ocurrió lo primero, aunque, por supuesto fue separado de su función jerárquica católica como obispo.

Héctor Luna Troccoli

Luego me interrogaba sobre cómo desarrollarí­a su campaña y si era lo suficientemente popular y conocido como para conseguir su objetivo: la primera magistratura del paí­s, las encuestas fueron aclarando el panorama y Lugo encabezaba la popularidad de las mismas. Es decir, ya se manifestaba una notoria simpatí­a hacia el ex obispo que, por cierto, según divulgaron los medios, siempre fue un obispo de caites y trabajo para los más pobres y no solamente en ese momento electoral como ocurre aquí­ con el 99.99 %% de nuestros polí­ticos.

Cuando lo vi en un video de mi computadora en MSN poco antes de las elecciones me cayó bien porque no sé por qué consideraba que era honesto consigo mismo y con los demás, todo lo contrario de lo que pasa con nuestros respetabilí­simos candidatos a cualquier cargo.

Paraguay, al igual que Guatemala ha sufrido dos de nuestros patéticos males: las dictaduras chafarotiles y la corrupción. Estando junto a nosotros, en lugares deshonrosos en cuanto a transparencia en el manejo de la cosa pública.

El 15 de Agosto pasado Fernando Lugo fue investido como nuevo Presidente de Paraguay, y, aunque por regla general desconfí­o de los discursos de los presidentes y candidatos, hago aquí­ una excepción que más tarde podrí­a convertirse en decepción, pero que al menos, por el momento, me deja un grato sabor.

«RENUNCIO A VIVIR EN UN PAíS DONDE UNOS NO DUERMEN PORQUE TIENEN MIEDO Y OTROS NO DUERMEN PORQUE TIENEN HAMBRE» dijo el nuevo Presidente paraguayo, aunque hubieran sido palabras que me hubiera gustado escuchar de cualquiera de nuestros presidentes.

«NO EXISTEN INSTITUCIONES CORRUPTAS, SINO FUNCIONARIOS QUE SE CORROMPEN», expresó el nuevo mandatario y no sé por qué de pronto se me vinieron atropelladamente nombres de funcionarios que se han corrompido durante muchos años y por eso han destruido a las instituciones, sobre las cuales cae el estigma generalizado de que son corruptas. Y si hablamos de funcionarios que se corrompen aquí­ se convierten en paradigmas y ejemplos a imitar, seguidos de la sombra oscura de la impunidad.

Lugo, fí­jense bien los periodistas que quieren libre acceso a la información, sin saber de la lucha que acontece en Guatemala para lograrla, dijo que entre las tareas de su administración se impone el reto de derrotar el secretismo estatal y hacer que las instituciones rindan cuentas y dijo clarí­simo que «seré implacable con los ladrones de su pueblo». Aquí­ señor Presidente Lugo, es totalmente al revés: nadie quiere rendir cuentas, el secretismo estatal abunda y lo que es peor, nadie, absolutamente nadie, es «implacable» con los ladrones de su pueblo, al contrario, se les premia, se les aplaude, se les estimula, se les justifica…

Lugo, con mi respetuoso aprecio, fue durante más de 10 años obispo de la diócesis de San Pedro «la región más conflictiva y pobre» de Paraguay. Sí­ allí­ estuvo ayudando a los que lo necesitaban, quizás con alguna ayudita de la jerarquí­a eclesiástica hubiera podido estar en una cómoda poltrona pero jamás la buscó, ni nunca la tuvo. Predicó pues, con el ejemplo. Igualito que muchos lobos con piel de oveja que caminan por nuestra tierra del quetzal.

No sé cuánto podrá cumplir el presidente paraguayo, no sé si los militares lo dejarán continuar, no sé si en un momento de decepción va a renunciar, pero sus palabras hací­a mucho que no las escuchaba en América Latina y por lo menos, para los que aún soñamos, fueron reconfortantes, aunque algunos, que acaban de salir de las cavernas, lo tilden de «izquierdista», queriendo despertar también al dinosaurio que Tito Monterroso se encontró en su propio despertar…

AHHHH Y SE ME OLVIDABA, EL PRESIDENTE LUGO DONARí SU SUELDO FABULOSO DE SEIS MIL Dí“LARES MENSUALES (IGUALITO AL DEL PRESIDENTE COLOM), A LOS POBRES «PORQUE -AFIRMí“- NO LOS NECESITO PARA VIVIR CON MODESTIA». ESO SE LLAMA PREDICAR CON EL EJEMPLO.

Nosotros, mientras tanto, seguimos muy bien, gracias…