La reelecta mandataria Cristina Fernández se comprometió a profundizar su modelo populista de inclusión social avalada por el contundente respaldo electoral logrado en las elecciones de ayer, el mayor obtenido por un candidato presidencial desde el retorno de la democracia en 1983.
«Necesitamos la comprensión de todos… pero por voluntad popular, por decisión política cuenten conmigo para seguir profundizando un proyecto de país para los 40 millones de argentinos», sostuvo Fernández, que ganó con el 53,21% de los votos, según cómputos oficiales. Fernández, del peronista Frente para la Victoria, es la primera presidenta reelecta en América Latina.
El segundo candidato más votado, con 17,32%, fue el socialista Hermes Binner, gobernador de la provincia de Santa Fe y líder de la coalición de centroizquierda Frente Amplio Progresista. Hasta ahora ha sido escrutado el 68,26% del padrón electoral.
«Cuando una sociedad se expresa y decide en elecciones democráticas, esa decisión debe ser respetada y las personas que han logrado ese mandato deben ser apoyadas y tener la colaboración del resto de la sociedad», destacó la mandataria, de 58 años y tendencia centroizquierdista, al hablar ante cientos de seguidores en el comando de campaña del oficialismo.
Fernández superó en votos al radical Raúl Alfonsín, quien en 1983 fue elegido con el 52% de los sufragios.
Además, la ventaja de 35,8 puntos porcentuales sobre Binner acerca a la presidenta al récord histórico de diferencia de votos obtenido en 1973 por Juan Domingo Perón —fundador del movimiento donde milita la presidenta— respecto a su rival más cercano, el radical Ricardo Balbín: 37,4 puntos porcentuales.
En su discurso, la mandataria apeló en varias ocasiones a la unidad nacional. «Tenemos que pensar un país diferente donde el que venga construya sobre el que ya hizo. Esa es la Argentina con la que sueño, donde tengamos continuidad de proyectos políticos de nación y de país», afirmó.
También se emocionó hasta las lágrimas al recordar a su fallecido marido y antecesor Néstor Kirchner (2003-2007), quien murió el 27 de octubre de 2010 de un ataque al corazón.
«Quiero agradecerle a alguien que ya no me puede llamar más pero que es el gran fundador de la victoria de esta noche, porque yo no me la creo, nunca me la creí ni pienso hacerlo; sin él, sin su inconmensurable valentía y coraje…. y sin las cosas a las que él se atrevió hubiera sido imposible llegar hasta aquí», dijo una conmovida Fernández, quien vestía de riguroso luto.
Posteriormente, en una colmada Plaza de Mayo, donde se encuentra la Casa de Gobierno, la mandataria habló desde un escenario móvil a miles de seguidores que la vitorearon.
Fernández se dirigió expresamente a los jóvenes que han apoyado su proyecto político. «Quiero darles las gracias a esta multitud de jóvenes argentinos que ha vuelto a recuperar la Plaza de Mayo», dijo sobre el lugar donde se han celebrado los mayores acontecimientos políticos.
La mandataria señaló que la juventud «apoyó y apoya porque entendió que este es un gobierno que trabaja por el presente, pero fundamentalmente por el futuro» y convocó a los jóvenes y a las organizaciones sociales a seguir organizándose «para defender la patria y los intereses de los más vulnerables».
La popularidad de la mandataria se disparó en las encuestas tras la muerte de su marido. También influyeron sus medidas de fuerte impacto social, como las prestaciones económicas para familias de desempleados con hijos, la nacionalización de los fondos privados de pensiones, los aumentos de las jubilaciones y salarios, la legalización del matrimonio entre homosexuales y la estatización de la transmisión por televisión de los partidos de fútbol.
La mandataria alertó sobre los «intereses de las minorías». «Depende de las grandes mayorías conformadas por nuestros trabajadores… no ser desviados del camino como nos ha pasado en tantos momentos de la historia», afirmó.
También agradeció el saludo de los líderes latinoamericanos que se comunicaron con ella para felicitarla.
«Quiero agradecer el llamado solidario, amigo, fraternal de Dilma Rousseff, la compañera Dilma (presidenta de Brasil). De Hugo Chávez, el compañero Hugo (presidente de Venezuela); del compañero Pepe Mujica (Uruguay), de Sebastián Piñera (Chile), el amigo Sebastián; de Juan Manuel Santos, de Colombia, que siempre me agradece y recuerda a Néstor. De (Fernando) Lugo (Paraguay), que me llamó y se cortó», dijo.
«Tanto hemos trabajado todos juntos por esta región, por el Mercosur, la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), nuestra casa», agregó.
Poco después del discurso de Fernández, Binner expresó ante sus seguidores que su fuerza política es la segunda de Argentina. «Queremos ser gobierno, por eso tenemos que seguir fortaleciendo el frente progresista», señaló.
La presidenta ganó en 23 distritos electorales. íšnicamente fue derrotada en la provincia de San Luis, donde triunfó el candidato opositor Alberto Rodríguez Saa, de Compromiso Federal y peronista disidente.
En las elecciones a gobernador celebradas en nueve provincias, el kirchnerismo se impuso en ocho de ellas. En tanto, se encaminaba a obtener la mayoría en ambas cámaras del Parlamento.
La analista política Graciela Romer señaló que en el triunfo de Fernández influyó la consolidación del crecimiento económico. En los últimos ocho años el crecimiento anual promedio de la economía fue de 7,6%, según dijo recientemente el ministro de Economía, Amado Boudou, compañero de fórmula de Fernández.
«No hay un gobierno en el mundo que pueda perder una reelección si la economía funciona como en Argentina», dijo la analista al canal América 24.
También influyeron «la mejora sustantiva en los alcances de los ingresos vía reducción de desempleo» y las ayudas sociales a familias pobres. Como otro factor determinante Romer mencionó la política de derechos humanos de respaldo de juicios a los represores de la última dictadura (1976-1983).
«Esto ha hecho que la opinión pública se volcara mayoritariamente a la candidatura de Cristina, sumado a que en la oposición la fragmentación es evidente», concluyó.
Al obtener Fernández otro mandato de cuatro años —que comenzará en diciembre— el kirchnerismo se convertirá, al término del segundo gobierno de la mandataria, en el modelo de gestión política de mayor continuidad de la historia política moderna de Argentina, con 12 años ininterrumpidos.
El centrista Ricardo Alfonsín, de Unión para el Desarrollo Social, obtuvo 11,6% de los votos; el peronista disidente Alberto Rodríguez Saa 7,7%; el también peronista opositor Eduardo Duhalde, del Frente Popular, 5,8%; el izquierdista Jorge Altamira, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores, 2,2 % y la centroizquierdista Elisa Carrió, de la Coalición Cívica-Afirmación para una República Igualitaria, 1,8%.
En los comicios del domingo también estaba en juego el control del Congreso, con 130 escaños en la cámara baja y 24 en el Senado. También se elegía gobernador en nueve distritos, entre ellos la provincia de Buenos Aires, la de mayor peso electoral.
Historia, muerte y poder
Hay un antes y un después para Cristina Fernández, la combativa líder argentina que obtuvo la reelección con un aplastante triunfo ayer.
Fernández, de 58 años, logró el 53% de los votos, el mayor respaldo que haya obtenido un postulante a la presidencia desde el retorno de la democracia en 1983. Y es además la primera presidenta reelecta de América Latina.
Siguiendo con el exitoso mandato presidencial de su marido Néstor Kirchner, Fernández saltó de una crisis a otra apenas inició su mandato en 2007. Los poderosos intereses del sector agrícola se confabularon contra un aumento tributario. Analistas financieros predijeron un inminente colapso económico en el país. La mayoría de la gente encuestada desaprobó su liderazgo y cables secretos de Estados Unidos hicieron eco a especulaciones sobre que no concluiría su mandato.
Luego Kirchner, su compañero de casi toda la vida, murió de un ataque al corazón el 27 de octubre.
Un alud de simpatía convirtió el funeral en una catarsis nacional y Fernández cambió su tono.
Superó una retórica de «todo o nada» que ella y su esposo habían blandido ante sus enemigos y se presentó a sí misma como la presidenta de todos los argentinos.
Antes, ella señalaba a sus enemigos con los dedos índice extendidos y hacía señas como presionando botones al aire.
Después de la muerte de su esposo, su rostro se suavizó con la pena. Bajó su acostumbrado sarcasmo y le pidió a sus aliados mostrar moderación.
Mientras, Fernández demostró a quienes dudaban que podía gobernar sin la ayuda de su marido.
«Soy una mujer que milita desde muy joven, he llegado a lugares que en mi vida imaginaba llegar», manifestó la mandataria ayer por la noche ante miles de militantes que celebraron su victoria. «A esta mujer no la mueve ninguna ambición, ningún interés, sino el amor por mi patria y honrar la memoria de él y de los miles que como él dieron su vida por la patria», expresó en una referencia a quien fue su compañero durante 35 años.
Su enemigos esperaban y sus aliados temían que la viuda se derrumbara sin el apoyo constante de Kirchner. Pero la realidad fue que la economía siguió creciendo y Fernández introdujo más programas sociales que ayudaron a reducir la pobreza. Los índices de aprobación se dispararon al 70% este mes.
«No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil…Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago y no por lo que no me animo a hacer», le dijo Fernández a Sandra Russo, cuya biografía autorizada, «La Presidenta», salió durante la campaña de reelección.
Como casi nunca responde preguntas de reporteros, el libro se ha vuelto uno de los documentos disponibles más relevantes sobre su manera de pensar.
Peronista de nacimiento y nacionalista de corazón, Fernández creció entre una dictadura de 1966-1973 a otro 1976-1983. Mientras cursaba la carrera de abogacía en los años 70, militó en la juventud peronista, fuerza que estaba proscrita desde 1955 cuando un golpe militar derrocó a Juan Domingo Perón. A principios de esa década la policía mató a su tío paterno porque lo confundieron con un guerrillero.
Se casó con Kirchner, compañero de activismo en la Juventud Peronista, en 1975, luego de la muerte de Perón, quien había regresado del exilio dos años antes y fue electo presidente por tercera ocasión. El que fue héroe para la derecha y la izquierda, Perón permitió secretamente la persecución de sus jóvenes simpatizantes izquierdistas por policías vestidos de civil, una campaña que se salió fuera de control oficial tras su muerte en julio de 1974.
Una dictadura mucho más letal tomó el poder en marzo de 1976 y un amigo que se refugió en la casa de los Kirchner en aquel entonces figura en la nómina de desaparecidos. La violenta represión de disidentes llevó a la joven pareja a marcharse a la Patagonia, tierra natal de Kirchner, donde montaron un estudio de abogados mientras secretamente diseñaban su futuro político.
«Todo lo que yo me acuerdo de política, desde chica, tiene que ver con la violencia», le dijo a su biógrafa.
Los discursos han sido el arma elegida por Fernández, formada como abogada, jefa de campaña de su marido en la década de 1980, diputada y luego senadora. Sarcástica con los amigos, fulminante con sus enemigos, a veces estridente, siempre apasionada, pareció entusiasmarse con cada oportunidad de congregar a partidarios para confrontar.
«Lo que molesta de Cristina no es que sea una mujer, sino que sea la mujer que es. Excesiva. De muchas cosas tiene demasiado», escribió la periodista Russo.
Una biógrafa no oficial, Silvina Walger, se suma a los sentimientos críticos, llamándola «una mujer extremadamente autoritaria, amarga, arbitraria».
A pesar de dichas impresiones, muchos argentinos ahora consideran a Fernández la política más capaz de mantener el país en la vía del crecimiento, uno de los más vigorosos del mundo. Muchos recuerdan bien el devastador colapso del 2001 y le dan crédito a los Kirchner de haberlos sacado de ahí.
Mientras algunos economistas advierten que la alta inflación y el gasto público son insostenibles, Fernández ha invertido fuertemente en reconstruir la capacidad industrial destruida por la ola privatizadora y los excesos de la deuda externa de los 1990 y el resultante impago posterior. También acordó con petroleras multinacionales y compañías mineras para crear nuevas fuentes de ingresos y energía.
Conforme se acercaba el día de las elecciones, Fernández astutamente usó mucho de esa nueva riqueza y otras herramientas para consolidar su respaldo.
Encantó a los argentinos de bajos ingresos con programas sociales anti pobreza, incluyendo un popular esfuerzo de 3.000 millones de dólares que transfiere efectivo a familias sin trabajo con niños. En vez de trabajar con sus rivales izquierdistas en el Congreso, reivindicó la idea de los subsidios como propia y decretó su creación.
También complació a muchos de los entusiastas del deporte gastando millones para proporcionar «fútbol para todos» en la televisión estatal, arrancándole un gran flujo de ganancias a la franquicia de cable del Grupo Clarín, el conglomerado de medios que ha sido uno de sus más férreos opositores.
Se valió de su base izquierdista para avalar juicios de derechos humanos contra cientos de los oficiales de la era de la dictadura y legalizar el matrimonio entre parejas del mismo sexo.
Kirchner estaba a su lado durante casi todas sus batallas. Ellos debatían constantemente la estrategia y confabulaban su próxima movida. Tuvieron dos hijos: Máximo, quien administra el negocio de bienes raíces de la familia, y Florencia, quien dejó la escuela de cine en Nueva York para apoyar a su madre este año.
«Desde que lo conocí hasta que se murió, Néstor me hizo reír», le confesó Fernández a Russo.
Cuando él murió, Fernández y sus adversarios se sorprendieron por la masiva movilización de simpatizantes en los funerales del ex presidente. Mientras pasaban frente al féretro, todos exclamaban la misma frase: «Fuerza Cristina».
Para un país que sigue cautivado por Perón y su esposa Evita, quien murió de cáncer el año antes de que Fernández naciera, los ecos históricos son imposibles de ignorar.
Los expertos argentinos especulaban con que Kirchner planeaba volver a recibir la banda presidencial de su esposa en este año de elecciones. Ahora, depende de Fernández mantener vivo el proyecto de la pareja.
Cristina Fernández
Presidenta reelecta de Argentina