«Escucha a los demás como quieres que te escuchen a ti» «No escuches con los oídos, escucha con el corazón»
Demostrada una vez más, la vulnerabilidad del ser humano alcanza inimaginables dimensiones. Lo construido con años de esfuerzo puede ser borrado del mapa en cuestión de segundos.
Tengo que referirme a un tema que sin duda genera incidencia en el sistema internacional, la vulnerabilidad de nuestro hogar, de nuestro planeta y cómo los desastres naturales reconfiguran sociedades, desnudan realidades, realidades visibles que nos negamos a aceptar constantemente intentando con ello asumir el hecho de que la desigualdad y la pobreza son situaciones dadas, incluso en algunos casos aseverar que forman parte del paisaje natural del mal llamado tercer mundo.
Los últimos y lamentables acontecimientos acaecidos en Haití, Chile, Turquía y los que están por llegar, lamentablemente inevitables, tendrán que generar una respuesta internacional categórica y unánime. Por un lado, la inversión tecnológica en la previsión y mitigación de desastres naturales, por otro, la evaluación de la propensión a los desastres de las diferentes zonas del planeta y finalmente, la capacidad de respuesta de la comunidad internacional que fijen criterios y protocolos más flexibles que dinamicen la cooperación y la asistencia en casos de desastres naturales.
El sistema internacional ha demostrado una fragilidad institucional en el manejo de los conflictos, hoy por hoy, el mundo parece más inestable e inseguro dada la propensión al conflicto, y aun más inestable e inseguro dada la propensión a los desastres naturales agudizado por la desigualdad y la degradación ambiental. El reto adicional del sistema internacional es el manejo de las variables no inducidas, las variables que se salen de control: los fenómenos naturales.
Al analizar la incidencia de los desastres naturales en el sistema, habrá que tomar en consideración la incidencia del hombre sobre los elementos del planeta, es decir, hasta donde el hombre ha provocado el desgaste de los elementos que producen las catástrofes. Un amigo, afirmó recientemente que los terremotos eran el resultado de la extracción del petróleo y que el movimiento de las placas no era más que el reacomodo por los profundos huecos dejados en la corteza terrestre. Ante tal afirmación empírica, a todas luces alejada de la realidad, no queda más que leer, investigar y tener presente como podemos frenar la degradación, que debemos hacer en caso de un desastre natural, cuales debieran ser los mecanismos de prevención y ante todo como debemos actual en condiciones de inestabilidad política y desigualdad social.
El panorama se encuentra claro, el mejor remedio para la prevención y mitigación de desastres continua siendo la inversión pública que se traduzca en mejores medios de vida. Una revolución sanitaria, como reconoce la ONU, es otro de los elementos a tener en consideración.
No soy geólogo, ni cartomántico, ni adivino ni nada que se le parezca, lo cierto es que estamos en presencia de fenómenos naturales cada vez más profundos y peligrosos, tenemos que tener entonces el acierto para entender que el planeta Tierra se resume en nuestro hogar, el hogar de toda la civilización y que como tal debemos actuar, ante todo reconciliar nuestras posiciones para generar la capacidad de afrontar fenómenos que escapan de nuestro control, continuar en la terquedad es condenarnos como especie.