Este no ha sido un año fácil para los guatemaltecos y llegamos a la fiesta de la Navidad sin superar los efectos de una aguda crisis económica que ha hecho estragos en muchos de los hogares del país. En general los comerciantes se han quejado de una merma importante en sus ventas, pero más que eso tenemos que recordar que entre la sequía y la baja actividad económica, sufrimos los embates de la hambruna que afectó a varios municipios del país, exponiendo de manera trágica el problema alimenticio que se traduce en una desnutrición crónica que afecta a la mitad de la población.
Sin embargo, en el día previo a la Navidad, es importante que exaltemos los valores positivos de la fecha y que hermanados por los sentimientos de paz y tranquilidad, podamos reunirnos en familia para esperar el momento en que celebramos el Nacimiento de Jesús. Los problemas obviamente no desaparecen porque nuestro espíritu esté más tranquilo en estas horas previas al acontecimiento pero no le hacemos daño a nadie si los dejamos de lado por un momento y nos concentramos en compartir con nuestros seres queridos.
Jesús vino al mundo para redimir a los hombres y generación tras generación, la humanidad se ha beneficiado de ese gesto que tuvo Dios al enviarnos a su Hijo. Ciertamente cada año es menos espiritual la fiesta navideña y nos metemos más en la onda del consumismo que ahora es la nota característica de la Navidad, pero en muchos de los hogares guatemaltecos todavía queda aquella vieja y sana costumbre de arrodillarse a las doce de la noche en esta Nochebuena para rezar a los pies del pesebre en el Nacimiento que han construido los niños de la familia. Y es momento de pedirle a Dios que nos conceda tolerancia y comprensión hacia nuestros semejantes, que nos dé la sabiduría para comprender nuestra realidad y fortaleza para encararla con determinación y compromiso, a efecto de que podamos asumir nuestros retos cívicos con la necesaria claridad para cambiar las cosas que requieren cambio y para defender aquello que debe cimentarse.
La Hora les desea a todos sus lectores y amigos, tanto en Guatemala como a los que nos leen alrededor del mundo a través de la edición electrónica, unas felices y tranquilas fiestas, pidiendo al Niño Jesús que no abandone a nuestro país y que consuele a todos aquellos que hoy sufren por distintas razones, pero especialmente a las familias que lloran la ausencia definitiva de alguno de sus miembros arrancado por la violencia. Para todos ellos nuestra oración especial esta noche.