Federico Chopin: comentarios sobre su música III


Para continuar estos comentarios referentes a la música de uno de los más grandes compositores de la música occidental, como lo es Federico Chopin, diremos que el compositor tuvo contacto directo con el folclore de su patria solo hasta los 20 años. Sin embargo, antes de continuar sirvan las lí­neas de esta columna como tributo de devoción a Casiopea dorada, esposa de infinitas ternuras, inextinguible y sideral amapolita de trigo en campos de lucero, que cada vez que penetra en mi alma teje una enredadera afianzadora de eternidades.

Celso Lara

En los años de la juventud de Chopin, Varsovia se entusiasma con las Baladas de Adam Mickiewicz. Chopin recoge el género balada en su música; su atmósfera épico-dramática, llena de fantasí­as y de contrastes y les pone una música limpia, aunque dentro de las formas habituales.

Más de un nacionalismo cabe hablar de patriotismo en la música de Chopin. La historia de Polonia, sus trágicos destinos, sus afanes de libertad y las luchas por mantenerla marcan la obra con unas tintas dramáticas que palpitan por encima del carácter romántico de la expresión. Nacen con estos acentos los Estudios op. 9 y 10, Revolucionarios, en calificación otorgada por Franz Liszt; el Preludio en, re menor; los Scherzos y las Sonatas; algunos Preludios y las mazurcas, esas mazurcas que hicieron exclamar a Robert Schumann: «Si el poderoso monarca del norte (Nicole I) supiera cuán peligroso enemigo lo amenaza en las obras de Chopin, en las sencillas melodí­as de sus mazurcas, no permitirí­a la ejecución de esta música. Las obras de Chopin son cañones ocultos entre flores».

En tal sentido, muchos años después, la emigración a Francia hasta su muerte le acrecienta el amor por los cantos y las danzas de su paí­s, «que apenas puedo recordar», escribe con dolor poco antes de su fallecimiento, pero que están de alguna manera presentes en su música. Todo el pensamiento y toda la invención musical de Federico Chopin están impregnados de lo popular, sin que, sorprendentemente, podamos hallar más que algunas pocas citas literales del folclore polaco. La intuición genial le permite al artista saturarse de las formas melódicas y de los esquemas rí­tmicos y trabajar con ellos a su modo, logrando así­ una música polaca, que no tiene ni un solo motivo que no sea del compositor, si exceptuamos un tema pastoril en el Impromptu en fa sostenido y en el Redondo op. 14. Del folclore recibe Chopin las bases tí­picas para una formación de la melodí­a y su fundamento tonal, así­ como las fórmulas metricorí­tmicas e incluso los fundamentos formales para estructurar el desarrollo musical. La influencia de la cultura popular es evidente de forma más clara en aquellas obras de Chopin que nacen directamente de los ritmos bailables populares, si bien es notable también en otras producciones de distinto género, ya que los medios elaborados para una clase de música los transfiere Chopin a otras composiciones, con lo que se crea el estilo inconfundiblemente chopiniano.