Presumo que son pocos mis contados lectores que no saben lo que significa “shecano”; pero para aquellos que desconocen el término les indico que es una especie de gentilicio con que se identifica a los originarios de San Pedro Sacatepéquez, porque en ese municipio del departamento de San Marcos se elaboran deliciosos panes que llevan el nombre de shecas.
Como yo estudié la secundaria en la cabecera departamental tenía condiscípulos y maestros de la próxima ciudad de San Pedro y sus aldeas, de suerte que no me son ajenos los shecanos porque estando tan cerca una población de la otra me movía con frecuencia entre ambas, pese a una añeja enemistad que para entonces privaba entre los nativos de uno y otro municipio, que los avances culturales la han ido diluyendo afortunadamente y que en estos tiempos resultaría hasta grotesca.
Desde hace varios meses he tenido más acercamientos con los miembros de la Fraternidad Shecana y cuento con estrechos amigos con los que suelo compartir actividades culturales, especialmente en el ámbito literario, además de veladas hogareñas durante las cuales discurrimos sobre variedad de tópicos.
Actualmente preside esa confraternidad la profesora Sonia Artemisa Díaz, hija de un romántico poeta casi desconocido en las letras guatemalteca. Es el desaparecido Gerardo Díaz, cuya memoria y poesía han sido rescatadas por dos libros editados por el diligente politólogo y promotor cultural Miguel Ángel Barrios y el escritor y académico Héctor Eliú Cifuentes, quienes se han encargado, también, de publicar otros libros de shecanos que, como es una cruel realidad, por sí mismos o mediante sus herederos no tendrían la posibilidad de que sus obras salieran a luz.
Como a mí me atribuyen alguna incierta habilidad para reseñar libros, me han encargado de escribir los prólogos de varias de esas obras, comenzando con “El Pregón”, cuyos autores son el fallecido profesor e investigador Raymundo Sánchez Fuentes y el autodidacta Eduviges Fuentes Fuentes.
Posteriormente me concedieron el honor que hiciera la introducción del poemario “Caminos de mi vida”, del también ya desaparecido Juventino Onofre de Paz Fuentes, que es una selección poética en la que se percibe tierna ingenuidad, probablemente con más valor ético y sentimental que estético, pero con una buena fresca dosis de dulzura para delicia de niños, jóvenes y enamorados.
Distinta es la temática del libro “Alma Shecana”, del poeta, abogado y periodista Aramis Bautista González (volumen que, asimismo, escribí su presentación), puesto que se distingue por su sentimiento bucólico en sus versos de añoranza, y sus poemas de tendencia hacia la protesta social que reivindican la libertad, la justicia y las ansias del guatemalteco por lograr una patria que enfrente su destino con dignidad y coraje.
La tarea editorial y cultural en general de la Fraternidad Shecana apenas comienza, porque les esperan otras obras inéditas.
(Un presuntuoso capitalino extraviado en un sector rural de San Pedro le pregunta al shecano Romualdo Tishudo: -¿A dónde va este camino? El aldeano replica: -A ninguna parte; porque siempre ha estado allí).